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Hombre nuclear
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La edad del autoengaño de ElBaradei.

Por Henry Sokolski

MOHAMED ELBARADEI, ex director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA por sus siglas en inglés), advirtió que no había pruebas suficientes de que Saddam Hussein tuviera armas de destrucción masiva y se opuso valientemente al gobierno del presidente egipcio Hosni Mubarak antes de que estuviera de moda hacerlo.

Galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2005, comparte muchos más de sus puntos de vista en sus nuevas memorias, The Age of Deception: Nuclear Diplomacy in Treacherous Times (La era del engaño: Diplomacia nuclear en tiempos peligrosos).


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ElBaradei (centro) en El Cairo durante las protestas anti- Mubarak en enero.

 


Desafortunadamente, ElBaradei asume más de lo que cualquier persona podría hacer correctamente.
Exagera su papel y el de la IAEA en la solución de los problemas del mundo, pero dice poco acerca de las limitaciones operativas del organismo para detectar a los infractores nucleares. El primer indicio de esto viene con la premisa del libro. Para solucionar nuestras crisis nucleares, afirma, los líderes mundiales tienen que mostrar más respeto hacia los sospechosos de proliferación, apoyándose menos en las sanciones y amenazas, y más en la "diplomacia nuclear" para aliviar las "inseguridades subyacentes" de quienes no poseen armas nucleares.

A partir de aquí, las cosas se complican rápidamente. Entre los derechos de que disfrutan las naciones se encuentra el de desarrollar energía nuclear " pacífica" que, insiste ElBaradei, incluye el desarrollo de combustible para reactores - un proceso que lleva a los estados al borde de adquirir armas nucleares. ElBaradei sugiere que el desarrollo de combustible nuclear debe limitarse en estados como Irán. Sin embargo, no se explica por qué Teherán tendría que estar de acuerdo en limitarse a sí mismo, ni tampoco cómo la agencia podía detectar cualquier incumplimiento.

Aquí, son importantes las limitaciones de las inspecciones nucleares de la IAEA. Entre ellas se incluye la incapacidad del organismo para encontrar plantas nucleares encubiertas, dar un seguimiento preciso a la producción de combustible nuclear y detectar oportunamente las desviaciones militares importantes. Las inspecciones de la IAEA también están sujetas a los criterios atrozmente generosos respecto a la cantidad de material y tiempo que se requieren para construir una bomba. Por desgracia, estos puntos se pasan por alto.

En lugar de ello, ElBaradei enfatiza la necesidad del diálogo diplomático "genuino" con los posibles poseedores de armas útiles. Esto, afirma, es mejor que sancionarlos o aislarlos, lo cual sólo aumenta sus inseguridades y les alienta a adquirir más armas. Por lo tanto, la propuesta hecha por Washington a Pyongyang en 1994 de reactores capaces de elaborar una cantidad de plutonio equivalente a veintenas de bombas a cambio de que Corea del Norte acate sus obligaciones de garantías de IAEA es "imperfecta" pero mejor que "la alternativa." Mientras tanto, la suspensión del acuerdo por parte de Washington después del surgimiento de pruebas de que Pyongyang trataba de construir una bomba de uranio fue una "sobrerreacción a información cuestionable."

De manera semejante, ElBaradei aplaude el acuerdo de energía nuclear para usos civiles de 2005 entre Estados Unidos e India. Esto concedía a India el empleo de tecnología nuclear para usos civiles como si fuera un miembro del tratado de no proliferación nuclear, a pesar de haber realizado pruebas con armas nucleares en 1974 y 1998. Al igual que su criterio de no informar a NU sobre las actividades nucleares cuestionables de algunos estados más pequeños, ElBaradei condona este acuerdo en nombre de la equidad nuclear.

Esto exige que las superpotencias hagan más para eliminar las armas estratégicas existentes, afirma. Por lo tanto, reprende a Washington por desplegar defensas de misiles, a Londres por construir submarinos Trident y al gobierno de Bush por juguetear con la construcción de armas nucleares más utilizables. También llama a los estados más ricos a no "crear más riqueza para los ricos", sino a afrontar el hambre, la pobreza y la enfermedad.

Oponerse a ideas tan elevadas podría parecer tan grosero como oponerse a la maternidad. Pero en este punto, estamos lejos de Viena y de la función técnica de inspección nuclear de la IAEA. Además, ElBaradei presupone que cualquier persona que no esté de acuerdo con él es indigna (de criticar a todo el mundo, desde sus inspectores clave hasta a casi todo el gobierno de Bush). Indudablemente, habría sido útil para vender sus grandes ideas si ElBaradei hubiera dicho mucho más acerca de las limitaciones del organismo y de las suyas propias, las cuales son muchas. Después de todo, tener razón, incluso en puntos clave, difícilmente lo exime a uno del autoanálisis, y en la Era del Engaño, dicho autoanálisis se produce muy pocas veces.



Sokolski es Director Ejecutivo del Centro de Educación sobre Políticas de No Proliferación en Washington, D.C., y editor de Falling Behind: International Scrutiny of the Peaceful Atom (Quedarse atrás: El escrutinio internacional de la energía atómica para usos pacíficos)