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Hagamos un trato
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Hagamos un trato

POR ELI LAKE

Obama presiona a Israel para que haga concesiones a los palestinos y mientras, proporciona armamento a Tel Aviv.

A LO LARGO de su mandato, Barack Obama ha pedido que Israel haga dolorosas concesio­nes frente a Palestina, llevando a la comunidad judía estadounidense a poner en duda su lealtad. Sin embargo, las apariencias pueden ser engañosas..

La semana pasada, durante su compare­cencia en Naciones Unidas, Obama favoreció a los israelíes presionando contra el voto para el Estado palestino. Pero lo más revelador es que, entre telones, ha actuado con energía para garantizar la seguridad de Israel —proporcionando abundante apoyo militar. 

Ya en 2009, cuando posó en la parte posterior de la Casa Blanca con 15 líderes de la comunidad judía, Obama eligió cuidadosamente sus palabras al reconocer que había levantado sospechas por presionar públicamente a Israel para que accediera a la presencia palestina en sus asentamientos. Tras el fraude electoral que devolviera a Mahmoud Ahmadinejad el poder en Irán, los israelíes comenzaron a preocuparse aún más por su seguridad —y por las intenciones del nuevo Presi­dente estadounidense “Yo siempre apoyaré a [Israel], pero ahora debemos pedirle que tome decisiones políticas difíciles, sobre sus fronteras y asentamientos”, sentenció Obama, con gran deliberación —declaración que NEWSWEEK confirmó mediante entrevistas y anotacio­nes hechas por un participante.

El rabino Eric Yoffie, líder judío reformis­ta, pidió al Presidente que explicara por qué criticó públicamente a Israel por el asunto de los asentamientos, en vez de mantener en privado los conflictos con su aliado. Obama sujetó del brazo a su entonces jefe de Estado Mayor, Rahm Emanuel —antiguo partidario de Israel e hijo de un miembro de Irgun, la milicia sionista.“Tenemos gente muy inteligente encargada de este asunto. No crea que no comprendemos las minucias del problema de los asentamientos. Todo lo contrario”, respondió el mandatario. “Rahm entiende perfectamente la política regional y me la ha explicado”.

Por primera vez, un presidente estado­unidense se refugiaba en un asesor e insinuaba que necesitaba que le educaran acerca de la situación israelí. Al finalizar la reunión, muchos de los participantes abandonaron el salón obviamente insatisfechos, sentimiento que persiste hasta la fecha.

No obstante, lo que sus visitantes desconocían era que, finalmente, Obama había autorizado la ayuda militar que los israelíes esperaban hacía años —apoyo que ha unido estrechamente a los ejércitos de ambas naciones, aun cuando sus líderes mantienen una distancia prudente.

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Funcionarios estadounidenses e israelíes han confirmado a NEWSWEEK que dicha ayuda incluye el muy postergado envío de 55 poderosas GBU-28 Hard Target Penetrators, mejor conocidas como bombas antibunker, indispensables para potenciales ataques contra las instalacio­nes nucleares de Irán. Asimismo, los acuerdos autorizados contemplan la instalación de redes de radares (algunas emplazadas en países árabes vecinos y diseñadas para que Israel pueda repeler un ataque con misiles), amén de prácticas militares conjuntas y consultas regulares sobre seguridad nacional.

“La singularidad de la administración de Obama es su decisión de que, a pesar de los desacuerdos, la relación entre las fuerzas armadas y de inteligencia —mutuamente beneficiosa— no se vea dañada por las tensiones políticas”, explicó Amos Yadlin, ex jefe de inteligencia del Ejército israelí, quien se negó a proporcionar información sobre cualquier tipo de colaboración militar secreta.

Incluso algunos de los miembros más radicales de la presidencia de George W. Bush reconocen, de mala gana, que Obama ha desempeñado un buen papel entre bastidores. “Si alguien comenta en la Casa Blanca que Obama se ha mostrado muy hostil con Israel, le dirán: ‘¿De qué habla? La relación entre nuestros ejércitos es mejor que nunca’. Y tienen razón”, comenta Elliott Abrams, ex supervisor de las políticas para Oriente Medio en el Consejo de Seguridad Nacional. “Si observa la trayectoria desde la administración de Clinton a la de Bush y finalmente, la de Obama, notará que la relación militar se ha fortalecido continuamente. No creo que Obama haya cambiado la trayectoria, pero ciertamente no interfirió con ella y la ha mantenido bajo su mandato”.

Las bombas antibunker fueron un logro significativo. Los israelíes trataron de comprarlas por primera vez en 2005, pero la petición fue denegada por la administra­ción de Bush ya que, en aquellos días, el Pentágono había congelado casi todos los proyectos conjuntos para la defensa israelí, debido a la inquietud de que Tel Aviv estaba compartiendo tecnologías militares avanzadas con China.

En 2007, Bush informó al entonces primer ministro Ehud Olmert que ordenaría la entrega de las bombas para 2009 o 2010, aun cuando los israelíes querían tenerlas en 2007. Por fin, a decir de funcionarios enterados de la decisión secreta, Obama liberó el armamento en 2009 James Cartwright, vicejefe del Estado Mayor Conjunto hasta el pasado mes de agosto, reveló a NEWSWEEK que los líderes militares no objetaron la venta. Más bien, dijo, lo que se planteaban era la forma como “los iraníes percibirían la transacción” y cómo la interpretarían los israelíes. En otras palabras, ¿tomarían la venta como una luz verde para que, un día, Israel atacara las instalaciones nucleares secretas de Irán?

Uzi Rubin, primer director de la Organización Israelí para la Defensa con Misiles (1991-1999), dice que algunas dudas surgieron “del uso que darían a las bombas y del lugar donde las detonarían. Existía la posibilidad de utilizarlas en áreas civiles, debido a que Hamás y Hezbolá entierran deliberadamente sus misiles en aldeas y pequeñas ciudades”. 

La administración de Obama también emprendió un esfuerzo diplomático para persuadir a los estados árabes y musulma­nes de Oriente Medio, como Arabia Saudí y Turquía, de comprometerse con un ambicioso plan para interconectar sus defensas de misiles con las de Israel —tema particularmente delicado porque, hasta hoy, la mayoría de los países árabes no mantiene relaciones diplomáticas formales con Tel Aviv y los que tienen contacto diplomático, lo han reducido desde que iniciaran las manifestaciones que desataron la Primavera Árabe. 

Cartwright ha descrito el escudo de misiles en los siguientes términos: “Hay que ofrecerles la capacidad, pero hacerlo de manera que la capacidad sea interdepen­diente de más de un Estado. Así, cuando uno se retire, no será más fuerte que el resto del grupo”. Sin embargo, no todos los estados obligados a cooperar con Washington están jugando limpio. A fines de año, Turquía recibirá un radar de banda X, pero los líderes turcos amenazan con no compartir los datos con Israel. La situación ha obligado a la Casa Blanca a ejercer presión sobre Ankara. Según Cartwright, en un futuro no lejano se instalará un radar similar en algún Estado del Golfo Pérsico, mas declinó proporcionar detalles. 

primer_informe_2Aunque el esquema de la red de defensa con misiles para los aliados de Oriente Medio de Estados Unidos se remonta al período del ex presidente Ronald Reagan, el crédito de su implementación recae directamente en Obama. “Él lo hizo realidad”, dice Cartwright. “Fue él quien dio el visto bueno”.

“De cierta forma, la relación de seguridad Estados Unidos-Israel se fortalece con cada nueva administración”, afirma Josh Block, antiguo portavoz en jefe del Comité de Relaciones Públicas Estadounidense-Israelí. “Pero este gobierno, haciendo alarde de conflictos privados y distanciándose públicamente de Tel Aviv, alienta a los enemigos de Israel a perseguir sus objetivos hostiles contra el Estado judío”. La aproba­ción de Obama en las encuestas practicadas a judíos estadounidenses, se ha desplomado de 83 por ciento al comienzo de su presiden­cia a 54 por ciento este mes.

Mientras que, por un lado, Obama ofrece un profundo y creciente apoyo militar a Israel, por el otro —no obstante todos los acuerdos de cooperación militar y de inteligencia entre las dos naciones— persiste una arraigada desconfianza política. Tal vez, en el fondo, se deba a las críticas públicas que Obama ha pronunciado contra los asentamientos israelíes en Jerusalén Oriental. Sin importar cuáles sean sus obsequios para los líderes, resulta evidente que no es amigo de Israel.