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Bombardeado
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Bombardeado | Primer Informe

El presidente yemení por más de tres décadas está herido de gravedad. ¿Un multimillonario está a punto de tomar su lugar?

POR BABAK DEHGHANPISHEH

bombardeado

Miembros armados de una tribu, la semana pasada, merodearon dentro de una
casa destruida de la familia Ahmar, la cual se opone al régimen tambaleante
del presidente Ali Abdullah Saleh en Saná.


EL HUMO APENAS se había disipado en la mezquita donde el presidente yemení, Ali Abdullah Saleh, yacía sangrante y quemado cuando su gobierno se dispuso para la venganza. Él resultó herido en un ataque durante las oraciones del viernes hace dos semanas, y en represalia, sus fuerzas de seguridad empezaron a bombardear Hadda, un vecindario exclusivo en el sur de la ciudad capital de Saná. Al principio, la descarga de cohetes parecía ser sólo otra ronda aterradora de violencia intensificada en un país que, por décadas, ha estado en guerra consigo mismo.

Pero el ataque a Hadda marcó un giro muy específico en lo que muchos dicen que se está transformando en una nueva guerra civil. Las fuerzas de Saleh tenían un blanco específico: Hamid al-Ahmar, multimillonario empresario de 44 años de edad y miembro de una de las familias más poderosas en Yemen. Los proyectiles golpearon la casa de Ahmar y el vecinda­rio circundante, dejando 10 personas muertas y otras 35 heridas.

En una entrevista con NEWSWEEK, Ahmar, quien gusta de vestir la túnica tradicional con una larga daga jambiya sujeta a su cinturón, negó estar involucra­do en el ataque al Presidente. Pero él fue abiertamente crítico con el Presidente en sus comentarios. “Si el presidente Saleh deja la escena política, Yemen estará a salvo”, dijo él. “Saleh estuvo detrás de todos los asesinatos de manifestantes inocentes por toda la nación”.

Los portavoces del gobierno yemení han minimizado las heridas de Saleh, pero funcionarios de EE UU han dicho a las agencias de noticias que el Presidente presenta quemaduras en más de 40 por ciento de su cuerpo. Circulan otros rumores; algunos sospechan que sufre de un pulmón perforado. Otros dicen que está lidiando con una herida en la cabeza. Saleh fue llevado a Arabia Saudí para su tratamiento médico. La fecha de su regreso sigue siendo una pregunta al aire. El hijo mayor de Saleh, Ahmed, quien encabeza la Guardia Republicana de élite, se ha plantado él mismo en el palacio presidencial y, al menos por el momento, los líderes del movimiento juvenil de protestas parecen mal equipados para enfrentar a los remanentes del régimen.

Cuando la noticia de la salida de Saleh se difundió por primera vez, estallaron celebraciones a lo largo del país. Pero desde entonces, la cuestión del sucesor de Saleh se ha vuelto crítica. Después de todo, éste es un país que aparentemente siempre está al borde del colapso. Y Yemen tiene un significativo interés estratégico para Estados Unidos, el cual teme que el país infestado de Al Qaeda pueda ser tomado por islamistas radicales.

Sea cual fuere su papel, es seguro que la familia Ahmar será un actor importante.

“[La familia Ahmar] ha sido muy poderosa como hacedora de reyes entre bastidores”, dice Gregory Johnsen, un experto en Yemen de la Universi­dad de Princeton. “Políticamen­te, son muy poderosos y, dados sus intereses comerciales, también son una gran fuerza en la escena económica”.

Junta, la familia Ahmar puede echar mano de miles de millones de dólares en efectivo, así como recibir el apoyo de decenas de miles de miembros armados de las tribus, lo cual convierte a los hermanos en la mayor amenaza para el remanente del régimen de Saleh, y asegura que la familia tendrá un papel decisivo en el Yemen posterior a Saleh.

Hamid al-Ahmar tiene nueve herma­nos, entre ellos Sadeq, de 55 años, la cabeza de los Hashed, la confederación tribal más grande y de mayor influencia en el país. Los otros hermanos también tienen influyentes lazos comerciales y tribales. Es un giro sorprendente de la historia, ya que no hace mucho algunos miembros de la familia Ahmar en realidad estaban entre los partidarios más fervientes del Presidente. El jeque Abdullah, el patriarca de los Ahmar que por mucho tiempo fue considerado el segundo hombre más poderoso de Yemen, ayudó a Saleh a obtener la presidencia en 1978 y le fue fiel por casi 30 años. Pero después de la muerte de Abdullah en 2007, las rivalidades familiares, por mucho tiempo escondi­das, salieron a relucir.

Con un estilo descarado, Hamid tomó la iniciativa de arremeter contra el régimen de Saleh. Él se había distanciado de sus hermanos previamente; durante su adolescencia visitó EE UU, donde aprendió a hablar inglés con fluidez, y pasó a obtener una licenciatura en economía por la Universidad de Saná. Él no sólo sobrevivió al mundo feroz de los negocios en Yemen, el cual es conocido por su corrupción endémica, sino que prosperó en él. (Una encuesta reciente de Gallup informa que siete de cada 10 yemeníes dijeron que la corrupción está muy extendida en su gobierno.) Hamid ahora es el propietario del mayor proveedor de telefonía celular en el país, una red de TV satelital, un banco y franquicias tanto de KFC como de los supermercados Spinneys.

EE UU se percató desde hace mucho de que Hamid es un actor clave en el futuro de Yemen. Según un cable diplomático obtenido por WikiLeaks, en agosto de 2009 un alto funcionario de la embajada de EE UU en Saná se reunió con Hamid y escuchó el plan del multimillonario para organizar protestas masivas para derrocar al presidente Saleh. “Hamid al-Ahmar tiene ambición, riqueza y poder tribal en abundancia, una combinación fogosa para cualquier parte pero más en Yemen”, escribió por entonces el embajador de EE UU, Stephen Seche.

‘La gente tiene el derecho’, dice el astuto empresario Hamid al-Ahmar, ‘de rechazarme o elegirme’.

Hamid no ha mantenido en secreto sus ambiciones políticas. Ha servido en el Parlamento desde 1993 y no tiene pelos en la lengua respecto a sus planes futuros: “Soy yemení, y es mi derecho, como el de cualquier otro yemení, de buscar un papel político, y la gente tiene el derecho de rechazarme o elegirme”, dice él. “También tengo el derecho de buscar la presidencia si siento que la gente quiere que yo la lidere”.

Lo único que había evitado que las familias Saleh y Ahmar se destrozaran la una a la otra fue su vecino del norte de mano dura, Arabia Saudí. Por años, los saudíes han pagado a varias facciones tribales de Yemen para que mantengan la paz. Según se informa, la familia Ahmar recibió varios millones de dólares al mes de los saudíes. Hamid se volvió aún más cercano a ellos a través de sus lazos comerciales. “Los saudíes han sido el apoyo financiero de la familia [Ahmar] y todavía lo son”, dice April Longley Alley, una analista de Yemen del International Crisis Group. “Los lazos son profundos”.

Pero después de que las fuerzas de seguridad de Saleh dispararon contra los manifestantes en marzo, incluso los saudíes no pudieron mantener apartados a ambos bandos. El hermano mayor, Sadeq, hizo público su desafío al gobierno de Saleh. Poco después, pistoleros leales a la familia Ahmar entablaban atroces batallas callejeras con las fuerzas del gobierno, las cuales dieron más de 100 muertos. En mayo, Saleh pidió el arresto de los 10 hermanos.

Sadeq niega haber iniciado las batallas callejeras. “No atacamos a nadie. Los ataques llegaron a nuestras casas, y fuimos golpeados con muchos misiles”, dijo él en una entrevista. “Pudimos defendernos contra la opresión o morir mirando”.

No está claro exactamente cuánto apoyo tiene la familia Ahmar en las calles yemeníes. Algunos manifestantes son muy críticos, ya que ven la actual disputa familiar entre los Saleh y los Ahmar como una lucha entre las élites del país, una refriega que está muy alejada de los llamados populares por una reforma radical. “La familia Ahmar destruyó la revolución”, dice Ali al Dolah, un joven activista de 26 años de edad en Saná, ataviado con la túnica y el turbante tradicionales. “Ésta era una revolución juvenil hasta que la familia Ahmar la convirtió en algo personal contra el Presidente”.

Hamid ha tratado de ganar su apoyo. Según se informa, él ha enviado comida, dinero y ropa a los manifestantes de Saná en semanas recientes, así como montones de qat, la hoja narcótica amada por millones de yemeníes. Él insiste en que su familia está trabajando para ayudar a los yemeníes descontentos en las calles. “Trabajamos para crear un gobierno del pueblo”, dice él. Si los choques entre las dos familias estallan otra vez, muchos yemeníes podrían pensar que los Ahmar más bien intentan usurpar el poder.