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| La Ciudad Haifa |
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A. B. Yehoshua dice que este tolerante refugio en el norte deja en vergüenza al resto de Israel. Soy un orgulloso nativo de Jerusalén, perteneciente a la quinta generación de una familia judía que llegó a esa ilustre ciudad a mediados del siglo XIX. Sin embargo, después de la Guerra de los Seis Días de 1967, mi esposa y yo tomamos la decisión conciente de dejar Jerusalén —no para mudarnos a Tel Aviv, como tantos de nuestros amigos, sino a la ciudad portuaria de Haifa, más al norte. Casi 45 años después, todavía nos congratulamos por esta sabia decisión, no sólo porque las divisiones religiosas y políticas han modificado el carácter de Jerusalén —y minado su cordura— sino también debido a las cualidades únicas de Haifa, que se vuelven más claras conforme pasa el tiempo. Si tuviera que definir a Haifa en una sola frase, sería: la ciudad bien temperada. Esta ciudad costera brinda una combinación ideal de diversos elementos que, en otras regiones de Israel, provocan desarmonía y conflicto. Las personas suelen hablar de Haifa como un lugar donde las montañas se unen con el mar, pero es más que eso. Es una fusión continua de ambos. En Tel Aviv, un paseante podría estar cerca del mar pero ignorar su presencia hasta que llega a la playa. Pero debido a la topografía de Haifa y su bahía, el mar es un elemento permanente, incluso si se ve desde ventanas distantes. Y una persona que camine por la playa o nade entre las olas, puede lanzar su mirada hacia las distantes hondonadas verdes que serpentean entre las casas. Esta mezcla topográfica es un entorno adecuado para el tipo de armonía social que engalana la ciudad. Ante todo, está la coexistencia de la mayoría judía y las minorías árabe, cristiana y musulmana. Incluso en los difíciles días de la intifada palestina, ambas comunidades de Haifa mantuvieron una relación amigable. La razón proviene de la Guerra de Independencia de 1948, cuando judíos y árabes se enfrentaron a lo largo de Israel. En Haifa, aunque los judíos tomaron el control de la ciudad, pidieron a los residentes árabes que no huyeran a buscar refugio en Líbano. Muchos de los árabes de Haifa se quedaron, confiando en la palabra de los judíos de que no serían maltratados en el nuevo estado, y en los 63 años que siguieron, este acuerdo entre vecinos ha conformado la base de una relación respetuosa. Un buen número de calles en Haifa llevan los nombres de alcaldes e intelectuales árabes del período anterior al estado. Nuestras placas con los nombres de las calles son bilingües. Las iglesias y las mezquitas, así como el santuario Bahaí con su cúpula dorada y sus asombrosos jardines, son sitios de peregrinación para visitantes de todas partes del mundo; todo ello bajo la protección de los judíos. De hecho, la mayor virtud judía de la ciudad es su espíritu de pluralismo secular. Haifa es una ciudad que no sucumbirá a ninguna coerción religiosa, y mucho menos judía. Hace décadas, cuando se prohibió en todo el país el transporte público durante el Sabbath y los días feriados, nuestro alcalde ferozmente socialista insistió en mantenerlo, no sólo para respetar los derechos de los no judíos de la ciudad, sino también para permitir que los residentes que no tenían automóviles particulares pudieran ir a la playa o visitar a sus parientes durante el Sabbath. La política secular de transporte de Haifa sigue siendo un símbolo de sus valores socialistas e igualitarios —la ciudad ha sido apodada “Haifa la roja” desde hace mucho tiempo— que perdura ante las poderosas tendencias derechistas de Israel, tanto en el terreno religioso como en el político. Al mismo tiempo, el gobierno municipal cuida de no afrentar a su población religiosa. En los vecindarios ortodoxos, las calles están cerradas al tráfico los sábados, y los residentes seculares no se quejan como lo hacen en otras ciudades. Porque si se respetan las necesidades propias, uno se muestra considerado con los valores y lossentimientos de otros.
Debido a la topografía de Haifa, el Mediterráneo es un elemento permanente, Lo mejor de todo es que Haifa disfruta todas las ventajas de una gran ciudad. Sin embargo, a diferencia de Tel Aviv, se encuentra muy cerca de algunos de los paisajes rurales más encantadores de la región: Galilea, el monte Carmelo, el valle de Jezreel. A veces pienso que si Jerusalén continúa enredándonos en sus crecientes conflictos nacionalistas y religiosos, y si Tel Aviv aumenta su hedonismo radical, deberíamos construir una pequeña barricada al sur de la ciudad, en Zikhron Yaakov, y establecer una república haifaíta autónoma —amigable con el resto de Israel, pero única e independiente. Después de todo, no es ninguna coincidencia que, en 1902, en su estupenda novela utópica titulada Old New Land (Las antiguas tierras nuevas), el visionario sionista Theodor Herzl haya distinguido a Haifa como la ciudad modelo del futuro estado judío. |






