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| El plan de protección del dictador |
| Guardias pretorianos, criados familiares y tortura: cómo los déspotas se mantienen en el poder.
Por John Barry y Christopher Dickey
Una especie de ritual tiende a marcar la caída de un dictador. Sus cámaras de tortura son abiertas, y los cables eléctricos y las manchas de sangre testifican sus crímenes. Con los peores tiranos, como el iraquí Saddam Hussein, también hay fotografías. Sus torturadores llevaban registros meticulosos, tomando fotos hasta e incluyendo la muerte horrenda del sujeto. Conforme la luz entra en esas celdas fétidas, la limpieza emocional comienza. Las responsabilidades son entendidas y deben asumirse.
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