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| La encomiable serenidad de Obama |
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La templanza del presidente nos dio el triunfo. Algunos acontecimientos noticiosos son tan estremecedores que redefinen la identidad de un país. Cuando el presidente Obama anunció que la tragedia del 9/11 había sido finalmente vengada, la noticia conmovió el alma y el corazón de cada estadounidense y provocó un clamor global celebrando que se hubiera hecho justicia.
Pero Obama no explotó el momento para anotarse un triunfo, sino que rindió homenaje al “valor y la capacidad” de los hombres que ejecutaron la voluntad de la nación. No desplegaron banderas; no sonaron los clarines. El mandatario simplemente reconoció que el asesinato quirúrgico de Osama bin Laden era una acción que hablaba por sí sola. Sus grandes discursos, en momentos de crisis, han llevado siempre la tónica perfecta. Es un don retórico que cabe celebrar, mas el triunfo de Abbottabad nos revela algo mucho más profundo: el carácter de un líder disciplinado que persigue sus objetivos con decisión. Es impresionante que, no obstante las trivialidades creadas por Donald Trump, el presidente haya actuado con mano firme para tomar una decisión histórica. Sabía que la casualidad había frustrado misiones semejantes para rescatar rehenes en Teherán y cobrado las vidas de los pilotos del helicóptero en Mogadiscio. Luego de meses de planificación, la decisión final –“¡Es luz verde!”- descansaba exclusivamente en sus hombros. Este presidente ha sido acusado de mantener distancias, pero en una época en que los acontecimientos chocan con el ensordecedor caos noticioso, debemos agradecer que haya sido un frío centro de comando. Para señalar esta ocasión memorable, hemos adelantado varios días la publicación de Newsweek y solicitado respuestas de voces poderosas como las de Elie Wiesel, Salman Rushdie, Stephen Carter, Les Gelb, Fátima Bhuto, Sean Wilents y muchos otros.
Editora en jefe de NEWSWEEK |







