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El poeta del 11 de septiembre
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El poeta del 11 de septiembre

COMO UN COMPAÑERO SOBREVIVIENTE DE LAS PESADILLAS DE LA HISTORIA, EL ESCRITOR POLACO ADAM ZAGAJEWSKI LE HABLÓ A UNA NACIÓN TRAUMATIZADA.

Por Matthew Kaminski

UNA SEMANA DESPUÉS del colapso de las Torres Gemelas, The New Yorker publicó Intenta alabar al mundo herido, de Adam Zagajewski, en la página final de su número especial sobre el 11/9. Escrito un año y medio antes de los ataques, de todas formas el poema se volvió rápidamente la declaración en verso más memorable sobre la tragedia, y podría decirse que el poema más conocido de los últimos 10 años. “Has visto a los refugiados ir a ninguna parte”, escribió Zagajewski. “Has oído a los verdugos cantar alegremen­te. / Deberías alabar al mundo mutilado”. Un crítico, que escribió en la Reseña Literaria de The New York Times en diciembre de 2001, se burló a la ligera de su atractivo: “como si EE UU estuviera entrando en la pesadilla de la historia por primera vez y sólo un poeta polaco pudiera enseñarnos el camino”. 

Ahora de 66 años, Zagajews­ki es el principal poeta de la generación polaca que siguió a Zbigniew Herbert, Czeslaw Miłosz y Wisława Szymborska. Miłosz llamó a sus seguidores “los poetas de la ruina”, obligados a lidiar con el sangriento siglo XX de Polonia. Zagajewski también encaja en esta descripción. Él era un niño cuando su familia fue metida en carros de ganado y deportada de su hogar en Lwów, que sería reubicado por Stalin en la Unión Soviética. “Había demasiado de Lwów, y ahora no hay nada”, escribió Zagajewski en uno de sus poemas característicos de la década de 1980, Ir a Lwów. Zagajewski hoy vive en Cracovia, hogar de los premios Nobel Szymborska y, hasta su muerte, Miłosz. El mismo Zagajewski figura en la especulación del Nobel la mayoría de los años. 

Los poetas polacos se han pensado desde hace mucho como bardos nacionales, llamados a lidiar con el duro mundo a su alrededor. “La poesía polaca es una de las maravillas de la literatura del siglo XX”, escribió el otrora laureado poeta estadounidense Charles Simic, quien citó su “rara virtud: es harto legible en un momento en que los experimentos modernistas dificultaron la poesía escrita en otras partes”. Zagajewski dice que algunos críticos ven “algo barbárico” en el énfasis de la poesía polaca en el significa­do sobre la sintaxis o el estilo. “He oído a algunos poetas franceses decir que la poesía polaca sólo es periodismo, porque puedes entenderla”.

 Zagajewski, quien a menudo susurra sus palabras y habla lentamente, rechaza cualquier sugerencia de que el trauma ennoblece a Polonia o a cualquier sociedad. Pero al pensar en el 11/9 y más atrás, él nota un cambio en nuestra respuesta al trauma En “el pasado en general, y no sólo en Europa”, dice, “la regla era olvidar, seguir adelante. Hay una idea relativamente nueva de que tenemos que trabajar en ello, de que debemos guardar todo en nuestra memoria. Lo cual me gusta. Está cambiándonos. No pienso que la gente de mediados del siglo XIX rememorase las guerras napoleónicas y pensara: ‘Tenemos que trabajar en ello’.” 

Los horrores más destacados en la memoria del poeta son el Holocausto y las purgas de Stalin y el Archipiélago Gulag, aun más que el 11/9, el cual él dice que no cambió fundamentalmente su visión del mundo. Zagajewski a menudo se remonta al pasado tormentoso de Europa. Caminar por Cracovia, como escribe él en su más nueva colección, Unseen Hand, es “oír pasos en la tarde, y no ver a nadie”, una referencia a los 3 millones de judíos polacos asesinados en la Segunda Guerra Mundial.

Intenta alabar al mundo herido recuerda un viaje que Zagajewski dio con su padre a través de aldeas ucranianas en Polonia, abandonadas por la fuerza en las transfe­rencias de población de los años posteriores a Yalta. “Ésta fue una de las impresiones más fuertes que he tenido jamás”, dice. “Había estas aldeas abandonadas con algunos manzanos volviéndose silvestres. Y vi a las aldeas volverse presa de las ortigas; las ortigas estaban en todas partes. Había estas casas destruidas. En mi memoria se volvieron este mundo mutilado, estas aldeas, y al mismo tiempo eran hermosas. Fue en el verano, un clima hermoso. Es algo a lo que reaccioné, este combate entre la belleza y el desastre”. 

En la poesía de Zagajewski, la crueldad se mezcla con el humor, el optimismo y una apreciación profunda de la naturaleza. “Bueno, ¿por qué no?”, dice. “Escribes un poema. Estás vivo. No quieres ser una persona sin humor. Pienso que cuando uno escribe poemas, aspira a algo que es mayor al simple lamento. En la poesía, pienso yo, tratas de reconstruir lo que es la humani­dad. La humanidad siempre es una mezcla de llanto y risa”.

central

Desde finales de la década de 1980, Zagajewski ha dividido su tiempo entre Europa y EE UU. Por estos días, él enseña literatura en la Universidad de Chicago. Él suena pesimista respecto a Europa, y encuentra seductora la vitalidad de la vida estadounidense, literaria y demás. “Todavía preferiría vivir en Europa, pero siento esta falta de energía”, dice. “Aquí [en EE UU] la gente tiene una vida más plena, en términos de estar lista para asumir riesgos. Incluso el hecho de que EE UU esté haciendo guerras. No es una [declaración] política, más bien hablando antropológicaantropológica­mente, hay una plenitud de vida. En Europa uno tiene la sensación de que la historia ha terminado. Europa es este museo maravilloso”.

En su obra reciente, Zagajewski se ha vuelto notablemente introspectivo. Tal vez sea un síntoma de la edad, o una respuesta al surgimiento de una Polonia aburrida, casi normal. Este cambio no ha sido un terreno fértil para los artistas que en la época comunista se habían acostumbrado a ser, en palabras de Zagajewski, “una fuerza antigubernamental especial”. Muchos de sus amigos, dice, hallaron difícil el “paso de ser un luchador por la libertad a ser una figura marginal de un artista”. Por su parte, Zagajewski señala irónicamente que “aprecio tanto el país libre y democrático, que estoy de acuerdo en pagar el precio”.

El poeta sigue publicando prolífica­mente, incluida Unseen Hand, la cual salió traducida este verano. La colección crea una sensación de nostalgia por el paso del tiempo y la muerte de su padre y su madre. En “About My Mother”, Zagajewski escribe: “Nunca pude decir algo sobre mi madre: / cómo ella repetía, te arrepentirás un día, / cuando no esté más por aquí, y cómo no creí / ni en el ‘no esté’ ni el ‘más’… cómo ella lo perdonó todo / y cómo recuerdo eso, y cómo volé desde Houston / por su funeral y no pude decir algo / y todavía no puedo”. Zagajewski dice que él encuentra “algo nuevo, más tierno” en su respuesta al trauma personal. “Éstos son temas típicos para los poetas estadounidenses”, dice. “Me estoy volviendo, en cierta forma, un poeta más estadounidense”.