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| El palacio de cultura de Islandia |
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El palacio de cultura de Islandia UNA NUEVA Y SORPRENDENTE SALA DE CONCIERTOS ESPERA ATRAER DE NUEVO A LOS VISITANTES A ESTA ISLA-NACIÓN. Por Judith H. Dobrzynski EN EL TRAYECTO del aeropuerto internacional de Keflavik hacia Reikiavik, es difícil no ver el reluciente edificio de vidrio situado al borde del agua. “¿Qué es?”, pregunto al conductor. “Harpa”, responde. Harpa —la sala de conciertos y centro de conferencias de Reikiavik— es demasiado nueva para figurar en las guías turísticas. Pero al ser la más reciente atracción de Islandia, constituye una señal de que este país, que esencialmente se fue a la quiebra durante la crisis financiera mundial, poco a poco vuelve a ponerse en pie. A la Laguna Azul, donde los turistas descubren el placer de sumergirse en la tibia agua de mar cargada de minerales, y al terreno extraño pero hermoso de la isla, Harpa añade una dimensión cultural al atractivo de Islandia. Este es un buen momento para visitar Islandia. La brusca devaluación de la corona islandesa ha hecho que los gastos sean más manejables y que el costo de los boletos aéreos baje de precio. Los hoteleros están dispuestos a abaratar sus tarifas, y, como dice un comerciante (que acepta dólares y euros), “Necesitamos una moneda fuerte”. Harpa ya contribuye a ello. La gran inauguración no ocurrirá sino hasta el 20 de agosto, cuando acróbatas y una amplia selección de artistas del pop, el jazz y la música clásica actúen junto a la Orquesta Sinfónica de Islandia. Pero cuando Harpa organizó una serie de conciertos clásicos gratuitos durante tres días a mediados de mayo, asistieron 100,000 personas, un número asombroso para un país cuya población es de menos de 320,000 personas. Los visitantes no sólo acuden a ver el espectáculo, sino también para hacer compras y comer. Las reservaciones en Kolabrautin (“El tren de carbón”, una retrospectiva del pasado de Reikiavik), un restaurante de moda que promociona su uso de ingredientes islandeses frescos, ya son difíciles de obtener. Muchas personas acuden sólo a admirar el edificio. Diseñada por Henning Larsen Architects de Copenhague y por el artista Olafur Eliasson, la construcción está compuesta por más de 10,000 ventanas de vidrio que recuerdan las columnas de basalto, muy comunes en el terreno de Islandia. La fachada sur es un muro doble de piezas de vidrio que capta la luz del sol y actúa como un prisma, creando coloridos bloques de luz en el piso y las paredes de Harpa. El interior es intencionadamente austero, lo que invita a los visitantes a mirar afuera, hacia el mar, las montañas y la ciudad —una actividad especialmente agradable en el bar de varios niveles que desciende por la fachada sur. Un sábado de julio, los turistas ya exploraban el edificio antes de las 9 a.m., una hora antes de que abriera el Munnharpan (“Arpa de boca”), el restaurante informal de la planta baja, y dos horas antes del inicio de las visitas guiadas del edificio de 28,000 metros cuadrados. El circuito de 45 minutos, que cuesta US$15, lleva a los visitantes a través de las cuatro salas de conciertos de Harpa y de los espacios para eventos y galerías. Si hace buen clima, los turistas también pueden dar una vuelta por el amplio centro comercial al aire libre. Además de presentar una amplia mezcla de programas —espectáculos de Broadway, conciertos clásicos dirigidos por Gustavo Dudamel, Björk— Harpa tiene una función más grande en la economía de Islandia. El edificio fue concebido originalmente como un complejo multiusos para alojar las nuevas oficinas centrales de Landsbankinn, un banco comercial absorbido por el gobierno durante la crisis. Ese sueño se desplomó con el colapso financiero, pero en 2009 el gobierno acordó suministrar reservas para Harpa. Con sus salas de reunión a mitad de camino entre Europa Continental y América del Norte, Harpa espera atraer a Islandia conferencias y convenciones de negocios. No es de sorprender que cuando brilla el sol, Harpa muestre un resplandor de color verde.
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