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Una de las primeras muertes del gobierno del presidente Obama se produjo en abril de 2009. Piratas somalíes habían asaltado el Maersk Alabama, un buque portacontenedores estadounidense que navegaba por aguas territoriales sin ley del Cuerno de África.
La tripulación estadounidense de la embarcación había tratado de someter a los piratas, quienes huyeron en un bote salvavidas cubierto, tomando consigo a un rehén de 53 años: el capitán de la embarcación Richard Phillips. Armados con AK-47 y pistolas, los piratas escondieron a Phillips debajo de la cubierta y amenazaron con matarlo si no se les pagaba un rescate de US$2 millones.
Barack Obama, sin haber cumplido aún tres meses en la presidencia, ya había pasado por un curso acelerado de dirección en el campo de batalla. Había autorizado ataques con aviones no tripulados en Pakistán y enviado a 17,000 soldados a Afganistán. Pero hasta ahora, no había experimentado la urgencia personal y el riesgo político de una operación de presa relacionada con un rehén estadounidense una operación que se desarrollaría en gran parte a la vista del público. Tampoco había trabajado con el Equipo 6 de los SEAL, el comando de “primer nivel” que llevó a cabo muchas de las misiones más oscuras en las guerras ocultas.
Desde el inicio del enfrentamiento, la Marina había pedido autorización para usar la fuerza, pero la Casa Blanca se contuvo. Los comandantes militares ya habían enviado un pequeño ejército al lugar, incluyendo un destructor, el USS Bainbridge y una fragata, la USS Halyburton. Los SEAL viajaron en aviones de transporte y saltaron en paracaídas en el Océano Indico con botes inflables. El 11 de abril, tres días después de iniciada la toma de rehenes, Obama estuvo de acuerdo en utilizar la fuerza militar pero solo si la vida del capitán estaba en peligro inminente.
Mientras los consejeros militares de Obama supervisaban los eventos en el Cuarto de Situación de la Casa Blanca, el Presidente pasaba por ahí periódicamente para recibir actualizaciones. Los francotiradores del Equipo 6 de los SEAL fueron posicionados en embarcaciones diferentes para maximizar las oportunidades de obtener tiros limpios. En un momento dado, la Marina había tendido una especie de trampa para la nave secuestrada, pero los piratas, por pura suerte, “bailaron” alrededor de ella, de acuerdo con una fuente que participó en la operación. Mientras tanto, los piratas navegaban hacia tierra. Si podían llegar a una playa somalí con su rehén, la operación de rescate sería mucho más difícil.
Los botes de los SEAL empezaron a circular a velocidad alrededor de los piratas, usando tácticas de “empuje y bloqueo” para evitar que tocaran tierra.
Para el anochecer del 12 de abril el Domingo de Pascua los francotiradores de los SEAL que se encontraban en la saliente de la cubierta del USS Bainbridge estaban en posición de disparar a los piratas. Pero con el bote salvavidas cubierto moviéndose sobre el agua, aún era difícil lograr tiros limpios. Colocaron mirillas de visión nocturna a sus rifles y esperaron. En un momento dado, dos de los piratas estuvieron a plena vista. Los tiradores pudieron ver a un tercer pirata a través de una ventana apuntando su pistola al Capitán Phillips. Cada francotirador hizo un solo disparo y todo había terminado. Tres tiros, tres piratas muertos.
Un equipo de asalto de los SEAL abordó el bote salvavidas y llevó a Phillips a un lugar seguro.
De regreso en la Casa Blanca, los oficiales celebraron discretamente. Había muchas cosas que pudieron haber salido mal. Para un joven presidente con poca experiencia en supervisar operaciones militares, una misión estropeada habría suscitado acusaciones de irresponsabilidad por parte de los republicanos y habría provocado inevitables comparaciones con Jimmy Carter. Los generales también expresaron su alivio. “Sr. Presidente, funcionó. Pero si no lo hubiera hecho, me habría costado mi trasero”, dijo a Obama un consejero militar. “Nos habría costado nuestro trasero”, respondió el Presidente.
Obama se ha apoyado cada vez más en los “operadores especiales” para muchos tipos de misiones. En una era de presupuestos menguantes y enemigos escondidos y dispersos, en la que los estadounidenses se han hartado de ocupaciones militares desastrosas, resulta clara la utilidad de las operaciones de alta precisión realizadas por fuerzas de élite. El presupuesto para el Comando de Operaciones Especiales ha aumentado más del doble desde 2001, alcanzando US$10.5 mil millones y el número de despliegues ha aumentado en más del cuádruple. Ahora, el director de ese comando, el Almirante William H. McRaven, solicita más recursos y una mayor autonomía. El New York Times informó el 12 febrero que McRaven está “Luchando por obtener una función más importante para sus unidades de élite que tradicionalmente se han desempeñado en las esquinas oscuras de la política exterior estadounidense”. Él quiere expandir la Fuerzas de Operaciones Especiales en Asia, África y América Latina, y tener la autoridad para movilizar fuerzas y equipo según sea necesario, garantizando una mayor flexibilidad y velocidad.
¿Quién puede culparlo? Este es el momento de Operaciones Especiales. Los SEAL de la Marina, en particular, nunca se habían mostrado tan heroicos y efectivos. Ellos mataron a Osama bin Laden en Pakistán el año pasado y apenas el mes pasado rescataron a dos trabajadores de asistencia humanitaria que eran mantenidos como rehenes en Somalia. En una época en la que muchos estadounidenses piensan que su gobierno es incompetente, los SEAL son empleados públicos que suelen cumplir con su misión. Son un impulso para la moral y lo saben.
Lo cual podría explicar por qué colaboraron en un largometraje de próxima aparición estelarizado por SEAL de la Marina en activo, titulado Act of Valor (Acto de valor)una empresa controvertida, concebida originalmente para impulsar el reclutamiento, y que es considerada como algo tonto y sólo útil para el enemigo por algunos miembros del Ejército.
Obama quiere equilibrar la necesidad de los servicios cada vez más valiosos de los operadores especiales con una valoración clara de las implicaciones estratégicas de ampliar sus misiones. Tiene razón al ser consciente de los peligros: expansión de las misiones más allá de sus alcances originales, arrogancia, un desastre como el derribamiento del “Black Hawk”. Act of Valor representa su propio tipo de extralimitación: el Ejército sabe poco de cinematografía y la película lo refleja. Sin duda, la cinética será impresionante; no así la actuación y el guión. (Un SEAL, a punto de lanzarse en paracaídas en una misión peligrosa, le dice a otro: “Sabes, lo único mejor que esto es ser papá. Con excepción de cambiar los pañales”.) Es probable que sea mejor la película estelarizada por Tom Hanks, cuyo lanzamiento está programado para 2013, y que trata sobre el episodio de Maersk Alabama.
Otro tipo de arrogancia ha hecho morir a muchas personas y puede manchar el prestigio de Estados Unidos durante años. A eso se debe en parte que algunos diplomáticos estadounidenses, e incluso algunos oficiales de alto nivel en la milicia, hayan expresado su recelo sobre ampliar la función y el poder de Operaciones Especiales. A algunos de estos críticos les preocupa que, si su número de miembros aumenta, las Fuerzas Especiales dejarán de ser especiales. “El concepto de Operaciones Especiales es la calidad, no la cantidad”, señala Peter Singer de la Iniciativa de Defensa del Siglo XXI del Instituto Brookings. “Pero hay preocupaciones en esa comunidad sobre cuánto podría crecer de manera razonable antes de empantanarse”.
Las misiones secretas tienen muchos desafíos: legales, morales y prácticos. Pocas personas son más conscientes de ello que el hombre que aprieta el gatillo en última instancia. El enfoque generalmente equilibrado de Obama con respecto a tales misiones se refleja en la historia de una operación contra un terrorista clave de Al Qaeda realizada en septiembre de 2009.
La CIA y el Ejército habían estado cazando a Saleh Ali Saleh Nabhan durante años. Era un sospechoso por los bombardeos realizados en 1998 contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania y había estado implicado directamente en otros mortíferos ataques terroristas en África Oriental, incluyendo el bombardeo suicida realizado en un centro vacacional de propiedad israelí en Mombasa. Era un importante enlace entre Al Qaeda y su filial con sede en Somalia, así como una posible fuente de información sobre la manera en que funcionan las redes de yihadistas. Matarlo habría sido una victoria importante, pero capturarlo con vida podría ser incluso mejor. Después de meses de vigilarlo pacientemente, los oficiales de inteligencia estadounidenses supieron de repente que Nabhan se preparaba para viajar por un lejano camino desértico en el sur de Somalia. No había mucho tiempo para actuar. En las primeras horas de una noche de septiembre, más de tres docenas de oficiales se reunieron mediante una videoconferencia segura para considerar opciones. La reunión fue dirigida por el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto. Después de una breve presentación, llamó al almirante McRaven, que en este entonces era director del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC por sus siglas en inglés) y uno de los cazadores de terroristas más experimentados del Ejército. Nabhan había estado bajo estrecha vigilancia durante meses. Había permanecido principalmente en áreas muy pobladas, donde el riesgo de bajas de civiles o de estadounidenses era demasiado grande para lanzar una incursión.
Pero ahora parecía que los SEAL de la Marina tenían la pequeña oportunidad que habían esperado. McRaven le dijo al grupo que el convoy de Nabhan saldría pronto de la capital, Mogadishu, hacia una reunión de militantes islámicos en la ciudad costera de Baraawe. El tejano de mandíbula cuadrada y antiguo SEAL de la Marina presentó resueltamente los “Conceptos de la operación” que habían sido desarrollados en previsión de este momento. Se manifestaron algunas opciones junto con el armamento que se requeriría para cada una, así como las estimaciones de los daños colaterales: El Ejército podía disparar misiles crucero Tomahawk desde un buque de guerra en la costa somalí. Esta era la alternativa menos peligrosa en relación con las bajas estadounidenses, pero no la más precisa. (Los misiles se han desviado de su ruta, golpeando a civiles, e incluso cuando dan en el blanco, no siempre lo eliminan.) Tales ataques con misiles habían sido un distintivo del gobierno de Bush. A pesar de su retórica de “vivos o muertos”, la Casa Blanca de Bush solía mostrarse cautelosa en relación con las operaciones antiterroristas en áreas anárquicas como Somalia. La segunda alternativa era un ataque en helicóptero contra el convoy de Nabhan. Había menos posibilidades de error: los pequeños helicópteros de combate permitirían que los comandos “miren al blanco a los ojos y se aseguren de eliminar al tipo correcto”, de acuerdo con un planificador militar. La alternativa final consistía en “arrebatar y agarrar”, un audaz intento para capturar vivo a Nabhan. Desde un punto de vista simplemente táctico, se trataba de la alternativa más atractiva. La información proporcionada por blancos de alto valor era la moneda de cambio en el ámbito de las guerras contra el terrorismo. Pero también era la alternativa más peligrosa.
Aquella noche, el recuerdo de otro intento de captura en Somalia flotaba de manera callada pero intensa. Muchos de los miembros de la misión habían ocupado puestos clave de seguridad nacional en octubre de 1993 durante el desafortunado intento de capturar a un caudillo somalí, operación que llegó a conocerse como “La caída del Black Hawk”, nombre derivado del título de un libro del mismo nombre. Ese fracaso dejó a 18 Rangers del Ejército muertos en las calles de Mogadishu e inspiró a los líderes de Al Qaeda a pensar que podían derrotar a la superpotencia estadounidense. Como señaló en una reunión Daniel Benjamin, el coordinador de antiterrorismo del Departamento de Estado: “Somalia, helicópteros, captura. Simplemente no me gusta cómo suena”.
Cuando todos salieron de la reunión aquella noche, estaba claro que el único plan viable era el más letal. Más tarde, Obama aprobó la Operación “Balance Celeste”. El trabajo fue asignado al Equipo 6 de los SEAL, conocido oficialmente como el Grupo Naval de Desarrollo de Guerra de Estados Unidos, o DEVGRU, bajo las órdenes de JSOC. (DEVGRU es el equipo más selecto de los SEAL; sus miembros se refieren a otros grupos como equipos de “vainilla”.) La mañana siguiente, los lugareños somalíes vieron varios helicópteros de combate volando a baja altura a través del horizonte. Algunos AH 6 Little Birds, desplegados desde embarcaciones navales estadounidenses en la costa somalí, se acercaron al convoy, bombardeando el jeep de Nabhan y otro vehículo. Nabhan y algunos otros militantes murieron. Uno de los helicópteros aterrizó sólo con el tiempo suficiente para que un pequeño equipo de comandos obtuviera parte de los restos de Nabhan el ADN necesario para probar que había muerto.
Uno de los debates alrededor de tales operaciones, entonces y ahora, se relaciona con algo denominado Aprovechamiento del Sitio Sensible (SSE, por sus siglas en inglés). A partir de sus experiencias en Irak y Afganistán, el Ejército de Operaciones Especiales había aprendido que la mejor información suele obtenerse al analizar los restos después de una acción. No sólo querían aniquilar a los terroristas, sino también rebuscar en sus pertenencias lo que los espías llaman “basura de los bolsillos”. “Es ahí donde entra la lucha [política]”, afirma un funcionario del Pentágono involucrado. “A partir de ese día queríamos poner nuestras botas en el terreno para hacer SSE, pero el presidente no nos apoyaba... Eso se convertiría en un problema entre el Ejército de Operaciones Especiales y el gobierno”. Un funcionario involucrado en tales asuntos afirma que el Pentágono malinterpretaba muchas de las dudas que el Presidente tenía sobre tales operaciones. Él no estaba en contra como lo muestra el caso de Nabhan sino que sólo deseaba realizar un análisis de costo-beneficio caso por caso.
Ciertamente, Obama está impresionado con Operaciones Especiales por su precisión y su profesionalidad. Una tabla de madera que cuelga encima del terreno de entrenamiento de SEAL en Coronado, California., está grabada con una línea que todos los novatos interiorizan: “El único día fácil fue ayer”. Los instructores se aseguran de que “todo salga mal” en una misión de entrenamiento, afirma Don Mann, de 53 años, SEAL retirado y autor de Inside SEAL Team Six (Dentro del Equipo 6 de los SEAL). Las incursiones de entrenamiento incluyen trampas sorpresa, equipo defectuoso y francotiradores inesperados. Los operadores especiales “saldrán a una misión [real] y dirán que fue extremadamente fácil, sólo porque se acostumbraron a un entrenamiento difícil”, afirma Mann.
Sin embargo, ningún entrenamiento puede enseñar a los combatientes lo que pueden aprender en situaciones de vida o muerte. Una serie de habilidades perfeccionadas son un claro beneficio de las guerras en Irak y Afganistán, donde los operadores especiales realizaban una misión tras otra. Desde luego, algunas de ellas salieron mal. En uno de estos casos ocurrido en 2010, el Equipo 6 de los SEAL realizó una incursión antes del amanecer para rescatar a la trabajadora humanitaria escocesa Linda Norgrove y a tres colegas afganos de las manos de sus captores del talibán. Trágicamente, una granada lanzada por uno de los comandos mató a Norgrove. Muchos operadores especiales también han sacrificado sus vidas, entre ellos, 22 tripulantes de un helicóptero derribado en Afganistán en agosto pasado. Howard Wasdin, un ex SEAL cuyas memorias tituladas SEAL Team Six (El equipo 6 de los SEAL), aparecieron una semana después de la incursión contra Bin Laden, dice que el alto riesgo de muerte forma parte del trabajo. “Solíamos tener un refrán”, comenta: “Vive rápido, muere joven y sé un cadáver guapo”. Las guerras en Irak y Afganistán también acostumbraron a los operadores especiales y a sus jefes políticos a las operaciones entre fronteras. Hubo titubeo al principio. En 2007, por ejemplo, cuando se desencadenó la insurgencia en Irak, los combatientes de Al Qaeda llegaban a raudales a través de la frontera siria para unirse a la lucha contra Estados Unidos. Los servicios de inteligencia estadounidenses creían que el gobierno sirio había ayudado o se había hecho de la vista gorda. El gobierno de Bush impuso una presión diplomática sobre Damasco para tratar de acabar con el tráfico de terroristas, pero el problema persistió. Algo tenía que hacerse.En octubre de 2008, el General David Petraeus ordenó un audaz asalto con helicópteros dentro de Siria. Dos docenas de comandos saltaron de helicópteros Black Hawk a la ciudad de Sukkariyah, a unas seis millas de la frontera iraquí. Su misión era matar o capturar a Abu Ghadiyah, líder de una célula de Al Qaeda y coordinaba el movimiento de los combatientes extranjeros en Irak. Se desató un tiroteo y hasta nueve terroristas murieron, entre ellos Abu Ghadiyah. Los estadounidenses regresaron a la base ilesos. Siria cerró algunas instituciones estadounidenses en Damasco y protestó ante las Naciones Unidas. Hubo más de esas incursiones, de las cuales el Ejército nunca ha hablado. Con el tiempo, el tránsito de terroristas de Al Qaeda fue cerrado eficazmente, por lo menos durante un tiempo. En algunos lugares sin ley, o en países que dan refugio a terroristas, tales operaciones podrían ser necesarias. ¿Pero qué hay sobre otras partes? La película Act of Valor muestra a los SEAL yendo de un lugar a otro Costa Rica, alta mar, Somalia, México tomando al mundo como su zona de guerra. (Ellos cooperan con el Ejército mexicano, pero en otras partes parecen marchar al ritmo de su propia música.) En la vida real realizan muchas colaboraciones, pero hay riesgos incluso al proyectar una imagen hollywoodense más agresiva al resto del mundo.
El enfoque de “Rambo” no siempre sienta bien con los diplomáticos. “Si uno empieza a eliminar personas en todo el mundo en países extranjeros, algunos de los cuales están en paz con nosotros, pienso que se metería en graves problemas diplomáticos con personas que piensan que Estados Unidos no es la policía mundial”, afirma Ronald Neumann, un ex subsecretario adjunto de Estado que dirige actualmente una organización sin fines de lucro en Washington. “También existe el riesgo de que una misión salga mal al final y que terminemos con muchos presos en alguna parte del mundo”. A otras personas les preocupa que el Ejército esté realizando misiones de espionaje sin la misma clase de escrutinio al que se somete a la CIA o a otros organismos civiles. “El desafío es, ¿cómo equilibrar la eficiencia operativa, que es el talento principal de JSOC, con la necesidad de vigilancia?”, pregunta Marc Ambinder, coautor de un reciente libro electrónico sobre Operaciones Especiales. Los críticos militares tienen sus propias preocupaciones. “Uno de estos días, si usted sigue publicando cómo hace esto, el otro tipo va a estar ahí listo para usted”, bufó el Teniente General jubilado James Vaught en una reciente conferencia en Washington. Él le hablaba directamente a McRaven: “Destaque mis palabras. ¡Manténgase alejado de los medios de comunicación!” Vaught sabe algo sobre cómo las cosas pueden salir mal.
Él dirigió el destacamento especial que trató de rescatar a los rehenes estadounidenses en Irán en 1980, que se convirtió en un fiasco cuando las aeronaves trataron de atravesar tormentas de polvo y tropezaron con otros problemas inesperados. McRaven respondió a la crítica de Vaught diciendo que el Ejército está ahora en una época diferente y tienen que estar más abierto. “Con el estado actual de los medios sociales, con la premisa y el ciclo de noticias de 24 horas, es muy difícil alejarse de ellos”, dijo, añadiendo que “los medios no solo se centran en nuestros éxitos, hemos tenido algunos fracasos. Y pienso que el hecho de que esos fracasos se expongan en los medios de comunicación también nos ayuda a enfocar nuestra atención, nos ayuda a hacer un mejor trabajo”. McRaven también defendió a Act of Valor como una evolución natural de las representaciones anteriores de Operaciones Especiales en Hollywood. Reconoció el valor de tales ideas como herramienta de reclutamiento y las relacionó con su propia experiencia. Su fascinación por el Ejército y con Operaciones Especiales comenzó cuando vio a John Wayne en The Green Berets, dijo.
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