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Escrito por Christopher Dickey    PDF Imprimir E-mail
Conozca a Geert Wilders
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Hace un par de años apareció un cartel sobre la Interestatal 26, en las afueras de Columbia, Carolina del Sur. En él, un par de siniestros ojos asomaban de un pasamontañas negro adornado con una inscripción del Corán. A todas luces, los ojos pertenecían a un terrorista y junto a ellos, se leían las siguientes palabras: “SURGE EL ISLAM... ESTÉ PREVENIDO”.

wilders1Instalado por la organización virginiana Christian Action Network, el señalamiento publicitaba un documental del grupo acerca de un carismático político holandés que, amén de teñirse de rubio, tiene un turbio pasado e interpela al público desde una plataforma de odio paranoico y Carolina del Sur ofrecía un auditorio idóneo a las calamitosas advertencias de Geert Wilders contra la religión musulmana.

Sin embargo, ahora que el Partido Republicano ha montado su espectáculo itinerante en dicho estado para las primarias presidenciales del 21 de enero, el holandés de 48 años es, más que nunca, un hombre al que debemos vigilar continuamente y escuchar con atención.

El explosivo tema de la “hostilidad implacable” contra el Islam ha transformado su xenófobo partido “Libertad” (fundado en 2005) en el tercero más importante de su natal Holanda, y el mensaje ha encontrado portentoso eco al otro lado del Atlántico, en una región estadounidense que aún se estremece con el recuerdo de los ataques del 11/9. Tanto así, que el nombre y el mensaje de Wilders han sido invocados numerosas veces en Carolina del Sur y en, por lo menos, otra docena de otras legislaturas estatales que debaten medidas para proscribir una amenaza imaginada: la ley islámica. ¿Acaso Wilders se detiene a pensar en la violencia que engendran sus diatribas? El tipo es un maestro capitalizando temores reales y conjurando imaginarios para luego desligarse de cualquier responsabilidad en la eventualidad de arruinar o incluso segar vidas ajenas. “Yo soy responsable de mis actos, pero no de los demás”, protesta. Durante una extensiva entrevista en la sede del Parlamento holandés en La Haya, Wilders se quejó a Newsweek de que la “ingenua” administración de Obama no estaba haciendo lo necesario para combatir lo que él denomina “la amenaza islámica”. Tras abundar en su alegato para prohibir la lectura del Corán, como ha ocurrido con Mein Kampf en algunos países, instó a Estados Unidos a “deshacerse de los símbolos islámicos no más mezquitas y clausurar las escuelas islámicas”.

Wilders insiste en que no hay tal cosa como un islam moderado, y dice estar harto de escuchar que el islam radical es ajeno a la tendencia principal musulmana. Para él, nada significa que haya numerosas sectas y corrientes en el islam. “El hombre es incapaz de hacer distinciones”, sentencia Robert Leiken, autor de Europe’s Angry Muslims, estudio de reciente publicación. “Quiere vetar la totalidad del Corán por unos cuantos temas contenciosos, pero lo mismo podría decirse del Libro de Josué [en la Tora]”. Wilders se niega a ceder. En su opinión, los seguidores del Corán viven engañados o algo peor. “La suya es una ideología fascista totalitaria”, acusa. “Nada tengo contra el pueblo musulmán. Mi problema es con el islam”.

Habría que cuestionar si Wilders de verdad cree lo que dice o si simplemente se ha colocado en una postura políticamente conveniente.

Cierta vez, dijo a un protegido que la lucha contra el Islam era “nuestra primera línea de negocios” y sin duda la ha explotado al máximo. Pero su aparente extremismo a menudo hiede a cinismo y autocomplacencia. “Su debilidad es que juega al renegado e insiste en posicionarse fuera del establishment”, señala Ayaan Hirsi Ali, escritora y antigua parlamentaria holandesa que también ha lanzado feroces críticas contra el islam. “Hace mucho se vio obligado a distinguirse, diciendo: ‘Ésta es mi postura y soy un hombre de principios claros’”.

wilders2Pero eso ya no es necesario pues, en la actualidad, la coalición gobernante del país está sujeta a las veleidades de Wilders —cuya antipatía por el islam alcanzó un nuevo clímax, la semana pasada, cuando la reina Beatriz usó una pañoleta durante su visita a las monarquías del Golfo y Wilders reprendió severamente al gobierno holandés por no impedirlo. “Tiene que encontrar el camino medio”, insiste Hirsi Ali. “Debe diferenciar entre los islamistas violentos y los musulmanes no violentos.

En la actualidad hay muchos tipos de musulmanes, y podría servirse de algunos como sus aliados”. Pero, al parecer, la retórica ha tomado el control del orador. “Siempre ha disfrutado de la atención y el poder”, revela su hermano, Paul Wilders, de quien se encuentra distanciado. “Se ha despojado de todo sentimiento de duda”.

Como muchos políticos que se jactan de sinceros, Wilders mantiene oculta gran parte de su vida y obra. Amén de la biografía oficial estándar, que habla de su crianza católica romana en la ciudad de Venlo, poco se sabe de sus antecedentes familiares y él mismo se niega rotundamente a abordar el tema. Según su hermano, algunas raíces familiares se extienden hasta Indonesia, puesto de avanzada del imperio colonialista holandés durante casi tres siglos y medio. ¿Acaso el ovalado trazo de sus opacos ojos azules es resultado de las uniones interraciales de colonos europeos y nativos “locales”?

Paul recuerda que Geert fue un adolescente fuera de control.

Mucho más joven que el resto de la prole Wilders (que incluye a dos hermanas), fue el nene mimado de la familia y un mal estudiante que abandonó sus estudios para dedicarse a viajar y a la larga, se detuvo en un asentamiento agrícola judío en la Ribera Occidental.

wilders3Al regresar a los Países Bajos, trabajó brevemente para el sistema estatal de seguros, hasta que se aburrió y decidió probar suerte en la política, inscribiéndose en el principal partido conservador del país como miembro secundario del personal. Durante su carrera, viajó tres veces a Irán en la década de 1990 y en una de ellas, tuvo que salir precipitadamente del país para salvar su vida, explica Paul, quien califica la aventura como un “episodio realmente espeluznante”. Con todo, prosigue el hermano, nada cimentó más firmemente la hostilidad de Geert contra el islam que los políticos populistas de la propia Holanda.

En los últimos años, Wilders se ha aficionado a la política estadounidense y ahora está deseoso de expandir el mercado de la “islamofobia”.

“Estoy desarrollando una especie de organización internacional”, dijo a Newsweek. “Estados Unidos es muy importante para mí, y también lo es Europa. Hace unos meses estuve en Canadá, y he visitado Australia y Nueva Zelanda” —todo, con el objetivo de construir lo que denomina una “Alianza Internacional Libertad”. No obstante, se niega a nombrar a sus políticos estadounidenses favoritos —o a los que le favorecen, pues sabe cuán tóxica es su reputación. “Si fueran mis amigos, poco les beneficiaría decirlo”, confiesa.

Con todo, la retórica antiislámica al estilo Wilders (si bien ligeramente modificada) ha sido abrazada por aspirantes a la presidencia estadounidense, en particular Rick Santorum y Newt Gingrich, a quienes ha resultado útil describir la supuesta debilidad de antiguos oponentes políticos frente al “islam radical”. Ya en 2010, Gingrich emitió públicamente una fatwa personal contra la ley islámica: “Considero que la Sharia es una amenaza letal para la supervivencia de la libertad en Estados Unidos”. Aunque Wilders asegura que no tiene contacto con Gingrich, ambos debían asistir a un mismo evento conmemorativo el

10 de septiembre de 2010, donde habrían de pronunciarse contra la llamada “mezquita de la Zona Cero”. Sin embargo, Gingrich no acudió a la cita. Wilders pronunció el discurso inaugural y se expresó con gran maestría al denunciar la supuesta malignidad de lo que, en realidad, estaba planificado como un inocuo centro cultural. “Una sociedad tolerante no es una sociedad suicida”, advirtió. “[Una sociedad tolerante] debe defenderse de los poderes de la oscuridad, la fuerza del odio y la plaga de la ignorancia. No puede tolerar al intolerante y sobrevivir. Esto significa que no debemos dar mano libre a quienes quieren subyugarnos”.

wilders4Además de Gingrich, Wilders dispone de numerosos aliados influyentes y extrovertidos en Estados Unidos. El año pasado, cuando fue enjuiciado en Holanda bajo las leyes contra el discurso de odio, derrotó a sus acusadores con la ayuda de contribuciones estadounidenses para su fondo de defensa. Uno de sus bienhechores fue el columnista conservador y académico Daniel Pipes, quien ha descrito a Wilders como “el europeo más importante de la modernidad”. Pamela Geller, autora del blog Atlas Shrugs, no se cansa de ensalzar a Wilders; incluso subió a YouTube una conversación que sostuvo con él, la cual Geller califica como “la entrevista del siglo”. En 2008, el disciplinario de la minoría del Senado, John Kyl (republicano por Arizona), organizó en el Capitolio una proyección especial de Fitna, incendiario documental donde el holandés ataca al Corán como un “manifiesto a favor de la violencia”. El nuevo libro de Wilders, Marked for Death: Islam’s War Against the West and Me, saldrá al mercado en abril próximo bajo el sello de Regnery, editor de los libros de Gingrich, Ann Coulter, Laura Ingraham y otros provocadores de extrema derecha. La presidenta de la casa editorial, Marji Ross, reconoce que las opiniones de Wilders son percibidas como extremas, pero “eso es justo lo que hace que su libro resulte emocionante, audaz y de interés periodístico.” Al respecto, el autor sólo comenta que “está dirigido al mercado estadounidense”.

Sin embargo, Europa es donde Wilders aún tiene mayor influencia, y donde despierta los más graves temores. En la nutrida y creciente élite de controversiales políticos que cabalgan a la prominencia a lomos de la hostilidad europea hacia los inmigrantes, mayormente musulmanes, la voz de Wilders destaca como la más estentórea —y peligrosa, en opinión de algunos críticos.

Aunque a menudo caracterizados como una “derecha radical”, la verdadera naturaleza de esos movimientos xenófobos es mucho más compleja. “Son agrupaciones que no encajan en las divisiones políticas tradicionales”, apunta un reciente informe de Demos, organización de estrategia británica que implementó un innovador estudio en Facebook, en el cual participaron 10 mil simpatizantes de los diversos movimientos europeos. “Mientras que antes permanecían en la periferia del quehacer político, ahora tienen mucho mayor peso en los parlamentos de Austria, Bulgaria, Dinamarca, Hungría, Países Bajos, Suecia, Letonia y Eslovaquia, así como en el Parlamento Europeo.” Además de los partidos políticos formales, existen grupos de protesta, como English Defence League (Gran Bretaña) y CasaPound (Italia), que han alcanzado notoriedad debido a sus violentos enfrentamientos callejeros. El propio Wilders es un amasijo de contradicciones pues, aunque dice aborrecer la violencia, sus diatribas han acicateado a muchos individuos sedientos de sangre. Un admirador que se esmera en deslindar de su persona es Anders Breivik (“el loco”, como lo llama Wilders), un autoproclamado cruzado que, el verano pasado, emprendió una matanza en Noruega, durante la cual segó las vidas de 76 personas antes de entregarse pacíficamente. En su manifiesto antiinmigrante de mil 500 páginas, escrito antes de la masacre, Breivik se refiere más de 30 veces a Wilders. Otra muestra: aun cuando gran parte de la prensa —relativamente liberal— de Europa retrata a Wilders como promotor de toda suerte de actos de racismo e intolerancia, la realidad es que el holandés es muy particular en sus odios. Mientras que muchos grupos antiinmigrantes europeos tienen una larga historia de antisemitismo, Wilders se niega a ser encajonado con los cripto-nazis y así, por ejemplo, denuncia al Partido Nacional Británico como “un organismo burdo, racista e intolerante; un partido terrible”. De hecho, la simpatía pro israelí de Wilders es tan manifiesta y sus viajes a aquel país son tan frecuentes, que algunos de sus enemigos políticos afirman que tiene el respaldo de la Mossad. “Tonterías. Jamás he trabajado para un servicio secreto, mucho menos el israelí”, responde. “Es una acusación absurda”. Y tampoco divulga las fuentes de financiación de su partido, ya que la ley holandesa no le obliga a hacer públicos los registros. “Somos muy pobres”, insiste.

Por supuesto, Wilders ha recibido infinidad de amenazas de muerte y eso, en su opinión, solo demuestra que tiene la razón. “Pareciera que Geert no asume la responsabilidad de las posibles consecuencias”, dice su hermano. “Pero dada su creciente base de seguidores y popularidad, creo que está empezando a creerse su propio mensaje”. Tal vez sea hora de colocar otro cartel: “SURGE WILDERS... ESTÉ PREVENIDO”.