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MANLIO FABIO BELTRONES:UNA VISIÓN DE MÉXICO, SU HISTORIA, SUS INSTITUCIONES, SU PASADO, PRESENTE Y FUTURO POLÍTICO
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MANLIO FABIO BELTRONES:UNA VISIÓN DE MÉXICO, SU HISTORIA, SUS INSTITUCIONES, SU PASADO, PRESENTE Y FUTURO POLÍTICO

Por Bruno H. Piché

El Senador Manlio Fabio Beltrones pertenece a esa tradición de políticos y estadistas sonorenses que se origina, precisamente,

con el advenimiento de la Revolución mexicana, como bien lo estudió el historiador Héctor Aguilar Camín en un libro considerado clásico: La frontera nómada: Sonora y la Revolución mexicana. Consciente y profundo conocedor de dicho legado, Manlio Fabio Beltrones conversó en exclusiva con Newsweek acerca del pasado de nuestro país, así como de nuestros principales desafíos al acercarse la conclusión de dos mandatos panistas sucesivos. Su visión en este sentido es clara y proyecta un rumbo sin concesiones: acabar con la disfuncionalidad que genera el actual regimen político e impulsar a fondo los cambios necesarios que otorguen certeza jurídica, certeza ciudadana y, por encima de todo, certeza gubernamental. Todo ello, con el propósito de que la sociedad acompañe al conjunto de los actores políticos en un necesario proceso de cambio democrático.

BRUNO H. PICHÉ: ¿A qué se dedica Manlio Fabio cuando no hace política?

MANLIO FABIO BELTRONES: Totalmente a la familia, y no es un simple decir, es un hecho. Disfruto mucho de estar en casa y con mi nieta; no hay mejor forma de distraerse que logrando empatar la tranquilidad familiar con un buen libro. 

¿Y cuán difícil te resulta hacerlo con la agenda que tienes?, porque dada la coyuntura, la política debe de ser un negocio hasta de domingos.El tiempo en familia gira más sobre la calidad, y en la política sobre la cantidad. Es un hecho que si le pones a la familia ca­lidad y cantidad, y a la política, sobre todo, cantidad y calidad, puedes lograr hacer mejor las cosas.

manlio1 ¿Eres “twittero”?Soy “twittero”, y lo hago con la frecuencia que amerita la res­ponsabilidad, no doy más de tres toques al día. El fin de semana reviso algunos diálogos que me parecen interesantes y que me ponen en suerte varios de mis colaboradores. 

¿Crees que son suficientes?Yo sí, pero hay quienes se esmeran en ponerle mucho más can­tidad que calidad.

¿Qué tipo de libros te gusta leer?Siempre libros de historia, la novela me llena en ocasiones algún espacio, me recrea, pero la historia se vuelve muy exi­gente conmigo y ayuda para poder evitar que te suceda aquella sentencia de Santayana: “Pueblo que olvida su historia corre el riesgo de repetirla”.

Hagamos un poco de historia, ¿cómo es que se da tu vocación política?Hace poco estaba reflexionando al respecto y me atreví a escri­bir algunas líneas en el reciente libro La Vida y la Política, en el cual yo hago algunas apreciaciones al respecto. Podría de­cir que yo soy un producto natural de la mujer: mi abuela, mi madre, mi esposa, mi hija y mi nieta, y que quizá de ahí viene la sensibilidad con la que abordo cada uno de los temas en la política y en la familia.

Me inicié en la política en un mes ya muy avanzado de 1963 en el cual yo, que cotidianamente le leía los periódicos a mi abuela porque ella había perdido un ojo en Cananea cortan­do leña, me encontré con un Extra en el mercado municipal de Ciudad Obregón que citaba en sus ocho columnas que habían asesinado a John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos. Asombrado por la noticia, compré el periódico y fui corrien­do a la casa de mi abuela y cuando terminé de leer la noticia ella me dijo que eso sucedía en México hace muchos años, pero que el hecho de que se trabajara alrededor de un gobierno que reconociera a todos, que conciliara a todos, vino a resolver el tema de los asesinatos. “En México la estabilidad política se lo­gró cuando en México se pusieron de acuerdo los políticos”, me dijo, y yo le pregunté: ¿pues qué hacen los políticos?, me res­pondió: “Los políticos buscan lograr acuerdos entre los demás”, y mi abuela, que era una mujer sabia, de rasgos indígenas, logró con eso impactarme sobremanera. Posteriormente —en 1967— en Obregón viví la campaña de un candidato a gobernador, Faustino Félix Serna, con la cual vi materializados los deseos de encabezar la solución de los problemas de la que me habló mi padre, y eso junto a lo dicho por mi abuela y lo que sucedió con Kennedy me hizo pensar mucho en política. Quién habría de decir que para el año de 1971, en que parti­cipando ya en política partidaria en las Juventudes del PRI, le dije a mi padre, que era un viejo revolucionario obregonista, que me iba a dedicar a la política y el trató de convencerme de que mejor regresara a Ciudad Obregón y me dedicara a acti­vidades productivas porque la política era ingrata. Después de reflexionar y que le insistí en hacer política, me dijo entonces: “Déjame darte otros consejos; el primero, si ya te vas a dedicar a hacer política, nunca se te olvide que la política es para ayu­dar y el día que te canses de ayudar, es la señal de que te debes retirar; el segundo: si cuando estés en un puesto público no te gusta que vayan a pedirte porque estás en donde se da, pónte del otro lado para que entonces puedas pedir y déjales espacio a alguien que pueda dar”. 

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¿Cuánto te sientes heredero de esa tradición sonorense de en un primer momento caudillos y luego grandes políticos?¿Cómo me podría desvincular de la historia sonorense si soy orgullosamente sonorense, tanto como mexicano? Desde pe­queño fui amante de la historia, pues pude ver desenlaces importantes de mi país en los momentos más difíciles. En bue­na parte lo que es hoy el diseño de las instituciones, que me ha tomado mucho tiempo, viene de estudiar cómo estos dos genios de la época revolucionaria —Álvaro Obregón y Plutar­co Elías Calles— vinieron a darle contenido a una nación en su orden y en su rumbo. Obregón, un genio y estratega que creía que la fuerza individual tenía que transformarse en una fuerza colectiva para poder cristalizar en buenas acciones; y el otro, que era un genio estadista sabía perfectamente bien que lo que el general Obregón había iniciado debía terminarse con la formación de las nuevas instituciones, con la estabilidad de México después de un movimiento revolucionario, que buscó no solamente cambiar a unos por otros. En el gran discurso de [1928], el general Calles declara que acababa la época de los caudillos e iniciaba la época de las instituciones, que fueron las que pusieron orden en el país, pero mismas que llegaron a un nivel de agotamiento cuando dejó de existir un partido hegemónico, cosa que no se ha querido reconocer hoy en día.

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¿Qué opinas sobre la visión que se tiene del PRI, por un lado como un partido que sí construyó un país, y por otro, como un grupo político que sólo le hizo mal a México?Yo veo un gran esfuerzo aislado en la época porfiriana de poner a México en los mejores niveles de estudio e infraes­tructura, pero de manera autoritaria, que posteriormente genera tantas inquietudes que hacen surgir una revolución y ponen a México en la circunstancia de poder darle más vigor a un socialismo o a una actitud socialista que buscara reivindicar a los olvidados. Un momento en el cual estos hombres de la revolución, como Obregón y Calles, vuelven a reactivar la necesidad de la infraestructura para el crecimiento, y la gene­ración de empleo y oportunidades para todos los mexicanos, y que posteriormente se detiene buscando nuevamente un espacio para reivindicar a todos aquellos que no habían sido objeto de los beneficios de la revolución en la época cardenis­ta. Después, una época sumamente institucional en la que el PRI, busca tener su espacio de independencia, de autonomía y soberanía frente a dos bloques que se disputan una Guerra Fría. Observo y estudio cómo esas instituciones y ese sistema político presidencial, con las famosas reglas no escritas pero res­petadas, vinieron a darnos la tranquilidad de que no seríamos objeto, ni de la propaganda que venía desde Estados Unidos ha­cia América Latina de las dictaduras, o aquellos auspicios que venían del Bloque Soviético, sobre las guerrillas en Latinoamé­rica. México, con inteligencia, se blindó de las intenciones de los dos bloques en la Guerra Fría, pero posteriormente, cuando esos dos bloques se derrumbaron quizá a los gobernantes en turno en México no les vino la urgencia de establecer los cam­bios en el sistema político para poder adecuarse a una circuns­tancia completamente diferente a la que se vivió por parte del PRI en las otras épocas que reseño. Esto hace entonces que aparezcan esfuerzos aislados por auspiciar la pluralidad y la alternancia, misma que viene a acontecer en el país. Desafortunadamente, la alternancia no ha sido acompañada de lo que es la transición de un régimen político a otro, y eso es lo que genera la in funcionalidad en el sistema. 

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¿Y crees tú que ello fue producto de temer, creer, o intuir que cambiar el sistema era echarlo para abajo precisamente por­que era un sistema de partido único, de partido hegemónico?Es que el primer aviso vino en 1976, todavía con la existencia de los dos bloques, cuando en México se llevó a cabo una cam­paña por la presidencia de la republica de un candidato único: José López Portillo. Le competía al candidato de un partido comunista que no existía. El genio de Reyes Heroles en 1977 hizo que, tanto la izquierda con el Partido Comunista, como la Derecha, que era el Partido Sinarquista —después Demócrata Mexicano— se les diese el registro para garantizar que hubie­se mínimamente presencia plural en las Cámaras. El segundo llamado fue en 1988, con la elección presidencial en la que por primera vez aparentemente los números de todos los candida­tos a la presidencia distintos al PRI empataban al candidato a la presidencia o, algunos decían, le ganaban al mismo. Luego cuando cae el Muro de Berlín, y empieza a terminar la Guerra Fría, los bloques que existían hasta ese momento hacen una reforma que reconoce que las elecciones ya no las va a hacer el gobierno sino una institución autónoma; que las elecciones ya no las pueden calificar en el Congreso, donde hay una mayoría del PRI, sino que debe ser de pleno derecho, el TRIFE (Tribu­nal Electoral de la Federación); que es necesaria una credencial para votar con fotografía; y que es urgente una Comisión Na­cional de Derechos Humanos como una obligación del Estado mexicano de vigilar estas garantías, y no de la sociedad. En 1994, con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el PRI vuelve a refrendarse a través del voto del miedo, y con votaciones ma­yores al 50 por ciento el triunfo de Ernesto Zedillo deja en claro que no fue una elección equitativa. Llega después el año 2000, y se vuelve aún más evidente que ya ningún partido por sí solo tiene mayoría, ni en la Cámara de Diputados, ni en la Cámara de Senadores. El presidente Fox gana con el 42 por ciento de la votación y, sin embargo, no hacemos los cambios al siste­ma, seguimos con un sistema político presidencial pensado para ejercerlo mediante un partido hegemónico, viviendo en la pluralidad inevitable de las elecciones del 2000, donde lo que sucedió es que quizá la magia de la popularidad del pri­mer presidente, que después de 70 años tomaba el poder sin ser del PRI, hizo los efectos como de la cortisona en un cuer­po enfermo: enmascara la enfermedad, y nadie visualiza que el sistema ya no funciona, si no se le hace adecuaciones. Y es así que llegamos a las tan accidentadas elecciones de 2006, en donde Felipe Calderón estuvo a punto de no tomar posesión. 

¿Cuáles serían las modificaciones que tú propondrías al sistema?Creo que el sistema político presidencial mexicano moder­nizado hoy en día debe girar alrededor de la palabra certeza: certeza jurídica, certeza ciudadana y certeza gubernamental. Para tener una certeza jurídica en el ámbito social, pues exis­ten ya las modificaciones que hemos hecho, tanto en derechos humanos, como en materia de amparo, pero también las que estamos haciendo en el orden económico con órganos regula­dores verdaderamente del estado mexicano y no del gobierno en turno. Darles certeza jurídica a los inversionistas naciona­les y extranjeros, en competencia, en telecomunicaciones, en energía, que nunca más sea a capricho del presidente en tur­no, qué tanto nos debemos modernizar y parecer al mundo, sino que estos tengan un valor y existencia trans-sexenal. Cer­teza ciudadana, hoy en día los ciudadanos no se sienten parte del Estado mexicano, creen que el Estado son los partidos polí­ticos, los gobernantes, los legisladores, y no, ellos son el Estado; para eso necesitamos que si no confían en los partidos polí­ticos pueda haber candidaturas ciudadanas independientes y que participen en la elaboración de iniciativas de ley en las políticas públicas y su aprobación a través de un referendo o consulta popular. La certeza en un buen gobierno debe girar alrededor de gobiernos de coalición y, para eso, tengo una ini­ciativa que promueve el aceptar en la Constitución la posibi­lidad de la existencia de gobiernos de coalición que permitan alcanzar acuerdos a mayor velocidad como hoy los exige el mundo. Será una posibilidad alternativa por parte del presi­dente, lo cual no hace que el sistema político sea parlamenta­rio o semiparlamentario, sino que sea un sistema presidencial con instrumentos que posibiliten el acuerdo porque hoy el acuerdo no se estimula, no se premia, se le sigue llamando, cuando aparece, “transa”, “concertacesión”, “negocios en lo oscurito”, cuando lo importante es que dos fuerzas que tiene un objetivo común, puedan coincidir en la necesidad de que las cosas buenas pasen.

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 De cara al 2012, ¿cómo ha cambiado el PRI desde tu punto de vista?, y ¿ cómo han afectado esos cam­bios al PRI en lo interno y en lo externo?En todos los partidos políticos existen corrientes partidarias que se distinguen unas por querer mirar hacia atrás y otras por ver hacia delante. A algunas les gusta mucho la nostalgia y a otros nos gustan mucho las reformas, es una especie de pro­hibición hacia la regresión. En el PRI, también hay de las dos. Yo participo en una corriente reformadora que reconoce que no es suficiente que el PRI vuelva a ganar las elecciones para que las cosas buenas pasen y para que el sistema sea funcio­nal, porque el principio de la funcionalidad se rompió en este sistema cuando ya no hubo un partido que por si solo pudiera garantizar ganar la presidencia de la republica con más del 50 por ciento de la votación, y a través de ello ganar también la mayoría en las Cámaras, y a través de la mayoría en las Cámaras nombrar a los miembros del Poder Judicial, qué ese era el punto sobre el que giraba el partido hegemónico: control sobre todas y cada una de las cosas. Hoy, tenemos otros principios. El grupo parlamentario del PRI ha propuesto en el Senado y ha triunfa­do en el Senado, hoy se espera que el trabajo de revisión que se hace en la Cámara de Diputados sea bien saludado, salude de la mejor manera el trabajo de los senadores del PRI en esta legislatura. Veo un PRI con enormes posibilida­des de ganar esta elección presiden­cial por varios factores. Uno, una decepción de los mexicanos con los resultados que hemos tenido en los últimos años con el crecimiento eco­nómico, el empleo y la inseguridad, que hace a la mayoría voltear hacia los éxitos que de alguna otra mane­ra conseguía el PRI en décadas anteriores, claro, combinados con fracasos que son conocidos ampliamente, como sucede en cualquier gobierno. Ese mirar de la población hacia aquellos espacios es como en el año 2000, que fue el último año de ejer­cicio gubernamental priísta, México rozaba los niveles del 6.5 por ciento de crecimiento económico, y a partir del año 2000 hasta el año 2011 hablamos de un crecimiento que apenas roza el 2 por ciento promedio. Esto no puede pasar desapercibido porque quiere decir que entonces no sólo hemos acumulado más desempleo, sino pobreza, desigualdad, delincuencia y vio­lencia, una lleva a la otra. Otro de los elementos que hace que los mexicanos volteen a ver al PRI, es que tienen en su imagi­nario colectivo que dentro del partido existen los políticos más experimentados para poder resolver estos problemas; y que hay elementos importantes de triunfo que se están dando en di­ferentes espacios de la República Mexicana reconociendo esos dos principios: el de la decepción por los resultados en los últi­mos 11 años, y el de que nosotros podemos, con la experiencia, mejorar los mismos. Ahora, mi preocupación está en que den­tro de los partidos políticos, y en la ciudadanía en general, se pueden estar anidando una serie de ideas equivocadas de que la democracia en México no nos ha traído buenos resultados y que lo que nos ha sucedido son problemas que vienen junto con la madurez democrática y los avances democráticos, nada más equivocado que eso. Los supuestos problemas que nos ha traído la democracia se combaten con más democracia y con nuevas instituciones que actúen en un ambiente democrático, a diferencia de lo que sucedía en el pasado. La democracia no es la que nos ha traído los problemas, sino la falta de moderni­zación del sistema político democrático en México.

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¿Tú vas al registro como precandidato?Yo primero voy a la construcción de un proyecto de país, a fijar las reglas mediante las cuales se pueda garantizar una compe­tencia equitativa, a establecer confianza en un árbitro para que eso suceda, a esperar una convocatoria, y después a precampa­ñas que nos permitan ver quién es el que nos garantiza un triun­fo electoral para que se cumpla con un proyecto de país. Hacer todo al revés, primero pensar en el hombre y luego en el proyecto es volver a equivocarnos, porque seguro que si ya resolvimos lo del hombre o la mujer que lo encabece, ya no será exigible el que hagamos un proyecto en el que todos es­temos conscientes de que para resolver los problemas en ese país no necesitamos simplemente cambiar de presidente, sino lo que tenemos que hacer es cambiar de actitud y reconocer que el único liderazgo que nos puede llevar al triunfo, es el de un proyecto de un México nuevo, que no hemos pensado desde hace mucho tiempo.

Es decir, que en la contienda por la candidatura tú definiti­vamente estás por la confrontación de ideas y de proyectos, no de las personas y de los reflectores, que no sea un show de quién está más guapo.

Hace tiempo que recuerdo constantemente una idea concep­tual y de vida que aprendí de la genialidad de Winston Chur­chill, el cual invitaba a que cada quien resolviese un dilema de su vida. ¿Eres útil, o eres importante?, y yo decidí ser útil. Creo que no me he equivocado.

Me gustaría que compartieras con los lectores de Newsweek tu propuesta de seguridad y que nos dijeras cuál sería tu pro­puesta de política pública en telecomunicaciones o en radio­difusión como motores de crecimiento económicoHoy en día no hay sector económico más dinámico y que genere crecimiento a mayor velocidad que el de las telecomunicaciones. Primero porque ya se accede a costos competitivos en muchos de los servicios con los cuales tú vas a ir al mundo a buscar dónde colocar tus productos. Segundo, también te mejora, y no nada más la calidad, sino también la accesibilidad al mercado interno para que puedas, entonces, mediante un mercado interno sólido y con una verdadera posibilidad de competencia en el mundo, tener crecimiento económico. Yo creo mucho en que este esfuerzo debe de evitar el que esté en manos sexenalmente del presidente en tur­no, que hace de las decisiones sobre la modernización un ejercicio individual y arbitrario porque hoy en día sucede que solamente si así lo decide el presidente de la Repúbli­ca hay quien tiene doble play, triple play, cuádruple play o total play. En ocasiones hay quienes se quedan en single en el juego individual y las reglas deben de ser parejas, por eso hablé de certidumbre jurídica, debe tener plena accesibilidad todo aquel que quiere invertir en el mismo, y para eso se le debe de quitar lo caprichoso y lo arbitrario a las decisiones sobre la modernización en materia de telecomunicaciones, dejarle, eso sí, a un órgano del Estado mexicano lo estratégico, para tomar las decisiones. Lo mismo debe suceder en el sector de energía, donde te­nemos conceptualizado con claridad que hasta la última gota de petróleo pertenece al Estado mexicano y a los mexica­nos, pero que la posibilidad de incluir la inversión privada puede potencializar enormemente sin perder la propiedad del petróleo, la industria energética nacional. Hay que abrir las puertas no nada más a la inversión sino a la imaginación en México. Y por la parte conceptual activa, estamos a punto de hacer que la misma Constitución -y para eso ya se presen­tó la iniciativa por parte del PRI- establezca el eje de la com­petitividad, como una de las acciones sobre las que el Estado deberá de hacer girar todas sus políticas públicas. Esto nos habla de cambios estructurales de fondo, sobre todo porque ya no quedará a disposición de la inteligencia del ejecutivo en turno, lo que tiene que suceder en México. 

¿Cómo ves el campo mexicano?En México no existe una política pública clara que busque privi­legiar el campo mexicano, sobre todo en la recomendación que la FAO nos hace para que produzca­mos mínimamente el 80 por ciento de los alimentos que consume el 80 por ciento de la población, y hemos seguido girando, o sobregirando so­bre lo que se planteó en épocas ya lejanas, en 1994, en un tratado de libre comercio, que fue muy bueno para México pero que no previó ni lo podía hacer lo que iba acontecer en los siguientes 20 años. De tal suerte que hoy el campo mexicano es uno de los más desprotegidos en la región, y los agricultores y los campesinos mexicanos que no se dediquen a la exportación de sus productos tienen muy poco futuro de no cambiar la política pública. La política pública debe ser de aliento, de estímulo hacia la producción de alimentos que se consuman en nuestro país. Por eso es que nosotros trabajamos alrededor de que el primer cambio que debe de suceder es que todos estos recursos que siguen girándose sobre un programa, que ya no se justifica, que es Procampo, bajo un diseño comple­tamente distinto de país, vengan a acomodarse en otras áreas en donde se estimule la producción de alimentos básicos en México.

 Para terminar, ¿cuál es tu propuesta para combatir el cri­men organizado?Primero, gane quien gane la presidencia de la República en el 2012 necesitará de colaboración y deberá continuar con el com­bate hasta sus últimas consecuencias.

Segundo, México no necesita solamente un presidente fuerte y valiente, para acabar con la delincuencia organizada y el narco­tráfico, sino que necesita un presidente fuerte y valiente que esté apoyado en una acción colectiva que gire sobre la conciencia de que de no hacerlo rápidamente todo se pudrirá. Y tercero, necesi­tamos profundizar más en los temas de colaboración internacio­nal, que nos ayuden a atacar este problema con más inteligencia, no con más fuerza, que haya confrontación de capacidad de fue­go, entre buenos y malos, porque lo único que nos ha traído es violencia. En el combate a la delincuencia organizada y el nar­cotráfico hay que tener más tiros de precisión, y eso solamente lo da la inteligencia, la colaboración y, sobre todo, el apoyo de la sociedad a un presidente decidido a hacerlo. Ir solamente con uno o dos de estos elementos va a ser que la lucha sea más larga de lo que pensamos.

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