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Escrito por Janine di Giovanni    PDF Imprimir E-mail
Angelina Jolie - Poseída por la guerra
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“Cuando voy a algún lugar, siempre estoy dispuesta a aprender sobre él. Recabo información, leo libros, hablo con la gente”, dijo. “Pero principalmente trato de ir a algún lugar para concientizar, para regresar a casa, tomar el teléfono, llamar a alguien y tratar de que se haga algo”.

5Ella llevó esta atención y franqueza, este enfoque serio a su nue­va película, In the Land of Blood and Honey, la cual se estrena en EE UU este mes. Ella me dijo que cuando se trató de los detalles técnicos de hacer una película, “no tuve miedo de preguntarle al DP [director de fotografía]. Y escuché a mi elenco, del cual la ma­yoría pasó por la guerra. Escuché sus historias y traté de incorpo­rarlas en la obra”. Contra el fondo de la guerra, ella ha creado una historia de amor conmovedora y sorprendente entre un soldado serbio y la mujer bosnia que él reencuentra ambiguamente du­rante la guerra. Es difícil no admirar a Jolie, especialmente des­pués de ver su película.

A las 3 am, después de hablar prin­cipalmente de los horrores de la guerra bosnia —la cual estalló tras el desmembramiento de Yugoslavia en 1991, enfrentó a los países nacientes de Bosnia, Serbia y Croacia unos con­tra los otros por complicados proble­mas étnicos y religiosos, y dejó un aproximado de 100,000 personas muertas—, su guardaespaldas asomó la cabeza. Él nos recordó cortésmente que ya era tarde. Habíamos hablado y bebi­do por ocho horas; aun así, ella insistió en acompañarme a mi hotel para que llegase sana y salva. “Quiero asegurarme de que estás bien”, dijo.

Como una periodista que pasó por el sitio de Sarajevo, vi a mu­sulmanes, serbios y croatas, que antes vivieron puerta con puerta y fueron amigos, volverse brutalmente unos contra los otros. Pre­sencié las purgas étnicas, los incendios a casas, las columnas de refugiados saliendo del país y, una vez, a un perro corriendo por la calle con una mano humana en su hocico. Fui a ver Blood and Honey con ojos especialmente críticos. Estaba al acecho de deta­lles nada auténticos, ya que otras películas que he visto sobre Bos­nia me irritaron y enfadaron: ¿por qué el director no investigó más? ¿Por qué nadie podía contar la historia verdadera de la guerra brutal en el corazón de Europa a finales del siglo XX?

Salí impresionada de la proyección de Jolie. ¿Cómo podía una mujer que sólo tenía 17 años cuando estalló el conflicto en Bosnia, en abril de 1992, haber capturado tan perfectamente el horror de una guerra que se enfocó en gran medida en ataques indiscrimiindiscrimi­nados y brutales contra civiles? Ella es honesta cuando dice: “Por entonces, no tenía idea de la magnitud de la agonía”.

Pero su labor como embajadora del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados la expuso a la situación apremiante de los civiles bosnios y cómo perduran las secuelas. Las mujeres que fueron violadas en los infames “campos de violación” al este de Bosnia, todavía sufren las consecuencias emocio­nales y traumáticas; esto era un punto especialmente sensible para ella. Así que Jolie, quien siempre ha asumido sus papeles con una intensidad que casi es aterrorizante, se sumergió en una lectura de todo lo que encontrase sobre la guerra bosnia.

1Jolie reprodujo la ciudad de Sarajevo —la cual soportó el sitio más prolongado en la historia moderna— exactamente como yo la recordaba. Los camiones humanitarios hechos estallar cruelmen­te con cohetes por pistoleros serbios; la joven víctima de violación volviéndose loca lentamente tras ser mantenida en cautiverio y violada repetidas veces; los francotiradores ebrios disparándole a un padre y su hijo mientras corrían por un puente.

Su película retrata el aislamiento de la guerra. Al comienzo de la lucha, recuerdo que salía a caminar, evitando a los francotiradores serbios cerca del cementerio judío en la colina, hacia un vecinda­rio en el lado opuesto del río donde vivía. Fue una época de bom­bardeos intensos, francotiradores, hambruna y congelamiento. Presencié cómo los viejos eran abandonados en sus residencias de ancianos en el frente de batalla y luego morir en sus camas. Vi a niños que fueron asesinados con cohetes por hacer muñecos de nieve. Al comienzo de la guerra, EE UU no quiso verse involucra­do; vio el conflicto como un problema europeo. En EE UU fue pre­sentada como una lucha intensamente complicada entre antiguos enemigos (cristianos versus musulmanes, croatas versus serbios) que sucedía en el patio trasero de Europa. Cuando la lucha se ex­tendió entre Croacia, Bosnia y Serbia, NU se involucró, pero sólo cuando la OTAN comenzó los ataques aéreos en 1994-95, las par­tes en conflicto se vieron obligadas a sentarse a la mesa de nego­ciaciones, en la que EE UU tuvo un papel importante para traer la paz. Pero antes de ello, la gente colgaba banderas estadounidenses de sus ventanas. “¿Van a venir a salvarnos?”, me preguntaban ellos, tirándome de las mangas. “¿Cuándo van a venir los estado­unidenses?” Era desgarrador. La película de Jolie muestra cómo es ser una de esas personas —un poeta, un cajero de banco, una maestra, una madre— y verse transformado por la crueldad y el abuso de la guerra. Se trata de lo que los humanos hacen a otros humanos para sobrevivir.

“La gente sentía como si el mundo se hubiera olvidado de ella”, dijo Jolie. “Fue una época de mucho dolor, y quise retratar cuán va­lerosa fue la gente, sin ofender a nadie”.

2Los bosnios querían ayuda desesperadamente, de cualquier parte, de cualquier persona, pero nadie llegó. Incluso ahora, po­cas personas saben lo que pasó allí. Tal vez se requiera del poder estelar de una persona como Jolie para que les recuerde este con­flicto increíblemente complejo y sangriento. “Fue hecha para recordarle la guerra a todos, pero sólo un pequeño grupo de per­sonas realmente la entenderá”, admitió ella. Tal vez por ello es que decidió estrenar la película primero en la lengua bosnia, con subtítulos en inglés.

La autenticidad de Blood and Honey deriva de un equipo de actores talentosos de la extinta Yugoslavia, una mezcla de serbios, musulmanes y croatas. La mayoría de ellos pasó por la guerra: mu­chos perdieron familiares o fueron heridos. Algunos de los actores vieron la guerra de cerca. El protagonista, Goran Kostic, proviene de una distinguida familia de militares. Su retrato de un oficial que es obligado a cometer actos salvajes en contra de su voluntad es honesto y doloroso. Vanesa Glodjo, quien soñó con volverse actriz y cuyas esperanzas se vieron temporalmente aplastadas por la guerra, recuerda cómo le “dispararon muchas veces. Pero no me alcanzaron allí, de camino a la escuela. Me hirieron en mi propia casa con la granada [de mortero]”.

Y luego está Ermin Bravo, un joven actor que era un niño du­rante el sitio. Durante la filmación, vistió los pantalones de com­bate, remendados y deshilachados, que su hermano mayor vistió de hecho como defensor de Sarajevo. Bravo recordó durante su audición que se le “olvidó cómo saben los plátanos” (la gente vi­vía de paquetes de ayuda humanitaria, los cuales en gran medi­da consistían de arroz, pasta, leche en polvo y una especie de queso líquido).

Pero evocar recuerdos de una guerra que todos quieren olvidar no fue fácil para ninguno de ellos.

4“La [filmación] fue especialmente difícil para mí, ya que mi pa­dre combatió durante la guerra mientras yo vivía con mi madre y mi hermana”, dice Alma Terzich, también parte del reparto. Ter­zich tiene cicatrices reales. Ella perdió a 28 familiares en la lucha. “Fue una responsabilidad enorme interpretar el papel de una mu­jer sobreviviendo en condiciones tan inhumanas”, dice. “Era mi deber interpretarla tan verazmente como fuese posible”.

Los matices que Jolie le da a la película son tan importantes como la autenticidad de los actores. Ella entiende que muchos de los pistoleros serbios bebían un potente brandy de frutas, conocono­cido como slivovitz, durante toda la guerra (ella muestra al co­mandante con una botella en su escritorio), y que el momento más seguro para manejar por el Callejón de Francotiradores era en la mañana, cuando ellos dormían a causa de la resaca. Ella también retrata la incapacidad de las fuerzas de paz de NU para proteger a la población civil a causa de su mandato limitado e ineficaz: ellos sólo podían disparar cuando les disparaban, y téc­nicamente proteger sólo a los trabajadores humanitarios, no a los civiles en sí (aunque hubo algunas almas heroicas que rompie­ron ese mandato de forma independiente porque estaban muy a disgusto con su impotencia).

Hubo detalles menores que resultaron enormemente importan­tes: escenas en las calles, mobiliario, la manera en que las mujeres bosnias se vestían y hablaban, sus expresiones.

“Fue mitad guión, mitad improvisación”, dijo Jolie sobre algualgu­nas de las escenas, y ella dependió tremendamente del personal local. “La camisa blanca que el personaje principal viste todo el tiempo”, meditó ella en cierto momento. “Se mantuvo blanca durante las escenas del campo de violación, y ello me molestó. Seguimos hablando sobre esa camisa blanca”. Ella también muestra a los personajes anhelando comida, el contacto con el mundo exterior, los libros, el cine, la poesía, todas las cosas que existieron antes de la guerra.

En una escena conmovedora, los jóvenes soldados bosnios co­men juntos en un búnker mientras granadas de mortero caen a su alrededor, bromeando sobre lo que comerán cuando la guerra ter­mine. Sólo alguien que estuvo en Sarajevo en esa época entenderá su humor macabro y negro, su risa (los habitantes de Sarajevo eran famosos en la extinta Yugoslavia por su humor bufonesco), su re­membranza constante de la comida que extrañaban.

La película no estuvo libre de controversia. Estuve en Sarajevo en julio de 2010, para el 15º aniversario de la masacre de 8,000 hom­bres y muchachos en Srebrenica, cuando se supo la noticia de que Jolie y su pareja, Brad Pitt, estaban en Foca, al este de Bosnia. Ése fue el escenario de los horrendos “campos de violación”, en los que las mujeres musulmanas bosnias eran reunidas, luego trans­portadas a salones y escuelas para ser violadas repetidamente por soldados serbios; algunos fueron embarazadas deliberadamente, para diluir la carga genética musulmana. Algunas de las víctimas me dijeron que habían sido violadas hasta 10 veces por día; una joven tenía 12 años cuando fue enviada a Foca y violada junto con su madre.

Pero el asunto de las violaciones es delicado en Bosnia, como lo es cualquier cosa que tenga que ver con la guerra. Al principio, la gente asumió que Jolie hacía sus labores del ACNUR. (En 2001, después de haber ganado un Oscar por Inocencia interrumpida, ella se volvió una Embajadora de Buena Voluntad para tratar de llevar algo de luz a los rincones más oscuros del mundo, desde Camboya hasta Afganistán.) Pronto se corrió la voz de que ella pla­neaba hacer una película. La prensa informó erróneamente que su guión se trataba de una mujer que se enamora de su violador.

De hecho, Blood and Honey es mucho más complicada. Es la historia de amor de una pareja que se conoció antes de la guerra y una mujer que es enviada a los campos. Pero también es una his­toria de traición, de pasión, y a veces de esperanza.

Jolie luchó para expresar en la pantalla cómo Sarajevo, antes de la guerra, era una ciudad multicultural, cómo todos conocían a todos, y cómo después los vecinos que otrora se habían amado unos a otros y asistido a la escuela juntos, se llenaron de deseos de venganza y odio contra sus amigos.

Pero a lo largo de la película (hecha en 42 días en Budapest y Bosnia, en dos idiomas, una vez que el gobierno retiró una prohi­bición de filmar), incluso cuando Jolie recibía mala prensa tanto de los musulmanes bosnios como de los serbios bosnios por su guión, Bravo insiste en que ella los hizo sentir a todos “seguros y relajados. Ella creó una atmósfera familiar”.

5Su transformación de una chica de Hollywood en una líder hu­manitaria se dio cuando filmaba en Camboya (donde adoptó a su primer hijo, Maddox, en 2002), donde los Jemeres Rojos de Pol Pot dejaron aproximadamente 2 millones de muertos. Su primer viaje con el ACNUR fue a Sierra Leona, la cual sufría otra guerra civil brutal en la que soldados rebeldes rutinariamente amputaban los miembros de civiles (la pregunta que hacían era “¿Quieres man­gas largas o mangas cortas?”, lo cual significaba cortar en la mu­ñeca o en el codo).

Estos viajes le dieron a Jolie la experiencia para escribir el guión de In the Land of Blood and Honey, el cual le tomó “alrededor de un mes, luego pasó por un montón de revisiones, Brad lo leyó, al al­gunas personas lo leyeron”, pero los detalles técnicos reales de dirigir debieron ser sobrecogedores.

Con seis hijos, ella todavía se las arregla para visitar este tipo de países, viajando con poco equipaje, sin mucha seguridad, toman­do los mismos caminos llenos de baches y aviones poco fiables y pasando por los mismos puestos de control militares que yo cuan­do reporteo desde zonas en conflicto. No hay alfombra roja en Li­bia o Sudán. Ella todavía empaca sus propias linternas, libretas y equipo a prueba de agua. Ella hizo Blood and Honey con US$13 millones y muchísima humildad. Ella la abordó de la misma ma­nera en que hace su labor para el ACNUR, como una estudiante.

“Cuando voy a una misión de campo, tengo varias sesiones in­formativas, incluidas algunas del Consejo de Relaciones Exterio­res”, dijo ella. “Y llevé un curso sobre ley internacional. Así que hice lo mismo que hice para las misiones. Estudié”.

Para la película, “leí un montón de libros sobre la guerra. Ha­blé con muchísima gente, observé, escuché. Sólo quería contar la historia verdadera”. Ella repitió lo que ha dicho en varias ocasiones: “Quería ser respetuosa con la gente”. Si ella no sabía algo, “preguntaba”.

Durante nuestra velada, le conté una historia. Un alto funcio­nario de NU, quien celebró un almuerzo en honor a ella, me des­cribió un viaje que Jolie hizo a Bagdad cuando el derramamiento de sangre estaba en su máximo. Después de un día extenuante en que habló con los desplazados y desposeídos, ella permitió pacientemente que el personal local iraquí, embelesado por su estrellismo, se fotografiase con ella para sus hijos. Ella sonrió todo el tiempo, y no tenía ni un gramo de prima donna en ella.

“Oh, me acuerdo de eso”, dice ella. “Pero yo haría cualquier cosa por los niños. ¿Quién no lo haría?”

Jolie es una celebridad rara, con una especie de tranquilidad y calidez naturales que también experimentó el reparto. Durante la cena, ella habló con amor y pasión de su familia, cómo está educándolos en sus propias lenguas y culturas, cómo le encanta viajar por todo el mundo pero cuán difícil es estar separada de ellos cuando está lejos. Ella habló de cómo alguien “que nunca fue una niñera”, sabía cómo cuidar a Maddox, siendo una madre soltera de 27 años.

“No sabía si darle una mamila o 30 mamilas”, dice ella, riéndose, de cuando su hijo era bebé. “Le llamé a mi madre”.

Su madre, Marcheline Bertrand, una ex actriz y productora, quien murió en 2007 a los 58 años, fue una gran influencia. Jolie la adoraba. Cuando Bertrand agonizaba, dice Jolie, su madre le dijo que había hecho con su vida exactamente lo que ella quería hacer, al simplemente encargarse de sus hijos. “Su bondad tuvo un im­pacto enorme en mí”, dijo ella.

7“Ahora, a veces voy a los hoteles y los botones me preguntan por ella. Mi madre solía escribirles notas cuando nacían sus hijos o los bautiza­ban. Ella simplemente era esa clase de persona; todos la amaban”.

Al final, la película de Jolie se queda con uno. Algunas escenas son tan vívidas y horrendas como los días reales de la guerra. En una, Vanesa Glodjo deja a su bebé para sa­quear una farmacia bombardeada ya que ninguno de los vecinos tiene medicinas. Ella regresa a casa para encontrarlo muer­to por la bala de un francotirador.

Sus gritos de agonía sobre su pequeño cuerpo inmóvil no son actuación. Glodjo pasó por la guerra. Más de 100,000 perso­nas murieron, incluidos miles de niños. Todos los que vivimos allí recordamos a los niños que salieron a la nieve y fueron asesinados simplemente por jugar. O la pareja de “Romeo y Julieta”, ella musul­mana y él serbio, que, justo después de casarse, fueron asesinados a tiros mientras cruzaban, tomados de la mano, un puente para darles a sus parientes la buena noticia. Sus cuerpos estuvieron en el puente por días; los francotiradores siguieron disparándole a cualquiera que tratase de retirarlos.

Tal vez la historia de amor es lo que se halla en el corazón de In the Land of Blood and Honey. La pareja se conoce antes de la guerra, en una época en que Sarajevo era una sociedad que fre­cuentaba cafés y clubes, una ciudad olímpica de arte, música y poesía. A través de sus ojos, vemos la desintegración de la socie­dad y, más importante, el mal que el hombre puede infligirle a otro hombre.