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Un nuevo New Deal mundial
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Un nuevo New Deal mundial | Conectando los puntos

Un nuevo New Deal mundial

EL MANIFIESTO DE GORDON BROWN PARA SALVAR A EE UU- Y A LA ECONOMÍA MUNDIAL.

 ES POSIBLE QUE LAS semanas de retórica y maniobras políticas sobre el techo de la deuda hayan concluido, sin embargo la pregunta más amplia sigue sin tener res­puesta: ¿cómo revivirá la economía de Estados Unidos?

Estamos en una precaria encrucijada. El camino de EE UU hacia el crecimiento mediante un mayor consumo se encuentra bloquea­do por los altos índices de créditos personales y balances negativos. Otro camino comprobado para salir de la recesión un flujo de in­versión privada no ha logrado materializarse, ya que las empresas acumulan efectivo a falta de un mercado nacional en crecimiento.

Y ahora que el acuerdo sobre la deuda se anticipará a la otra ruta tradicional un estímulo de inversión pública sólo queda un camino hacia el crecimiento sostenido que puede evitar una década de altos índices de desempleo en Estados Unidos.

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Esta consiste en hacer lo que EE UU siempre ha hecho mejor: movi­lizar a sus empresarios y a sus productores de ideas, patentes y nuevas tecnologías y exportar al resto del mundo sus bienes con un alto valor de consumo añadido e impulsado por la tecnología.

Pero este impulso al comercio y al empleo no se puede lograr unilate­ralmente. El clima para un aumento en las exportaciones estadouniden­ses depende de un mayor crecimiento en otros sectores y de la buena disposición del resto del mundo para adquirir productos extranjeros.

Así que el presidente Obama ahora debe redirigir su atención para lograr un pacto de crecimiento global que liberará a todo el mundo, y particularmente a Occidente, de años de crecimiento anémico.

En lugar de los “Planes para Estados Unidos” de 10 centavos la docena y que ya no valen ni el papel en el que están escritos, la cum­bre del G20, a realizarse en noviembre, se debe presentar con algo mu­cho más audaz: “El plan de EE UU para la economía mundial “con el objetivo de lograr para el comercio y el crecimiento mundial lo que el plan de George Marshall hizo para el desfalleciente mundo en la década de 1940.

Lo que yo llamaría un “Nuevo Acuerdo Global” crearía empleos en Estados Unidos al aprovechar las fortalezas estadounidenses permitir que el país aproveche su ventaja, todavía fuerte, en ideas, alta tecnolo­gía y productos de marca y su ubicación como un imán global de nue­vos talentos, atrayendo a miles de personas de todas partes del mundo para alistarse en sus universidades y unirse a sus nuevas empresas.

Este nuevo acuerdo no es sólo una alternativa: es una necesidad. Actualmente, 60 por ciento de los ingresos de China provienen de las exportaciones, mientras que la proporción de exportaciones de EE UU es de sólo 25 por ciento. Esta preocupante diferencia ha hecho que el Presidente llame a los estadounidenses a responder a lo que ha deno­minado “el momento sputnik” de EE UU la comprensión de que los estadounidenses han perdido su ventaja competitiva mundial con un “momento del hombre en la Luna”: EE UU movilizando su genio para ser el líder otra vez.

La necesidad es urgente porque cuando las clases medias de Asia se dupliquen en la próxima década, su mercado de consumo hará parecer pequeños a todos los demás al alcanzar el 40 por ciento de todo el gasto del consumidor mundial. Si no deja una huella mayor en Asia, EE UU se quedará atrás.

Y si según los pronósticos India, China, Brasil, Sudáfrica, Méxi­co, Turquía, Corea del Sur, Indonesia y Rusia, que actualmente adquieren sólo 15 por ciento de los productos de exportación estado­unidenses, representan 70 por ciento del futuro crecimiento global, entonces ninguna compañía estadounidense puede darse el lujo de quedarse en casa.

¿Cómo puede Obama vender a otros países el plan de crecimiento mundial de EE UU? Al demostrar que cada país sólo logrará sus propios objetivos mediante un mayor nivel de comercio y crecimiento mundial. Para alcanzar su propio objetivo de ampliar la clase media y reducir la pobreza, China debe elevar el gasto del consumidor y permitir que sus habitantes importen las marcas que quieran. Para sacar de la pobreza a 500 mi­llones de personas, India tiene que abrir sus mercados para que sus pobres puedan bene­ficiarse de bienes y servicios más baratos. Y la única esperanza de salvación para Europa después de una década de altos índices de desempleo consiste en exportar para abrirse camino hacia el crecimiento.

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La confianza en el futuro engendra­rá confianza hoy. Un EE UU que confía en que puede vender sus artículos en el extranjero para pagar su consumo nacional y una Asia que confíe en que tiene un mercado para sus productos y que puede transformar a los pobres de hoy en la clase media de mañana pondrán en marcha un ciclo virtuoso y autorreforzado de inversión, comercio y crecimiento.

Estoy de acuerdo en que esta estrategia no es fácil. Después de todo, para fabricar las mercancías de mayor valor añadido del mundo, es necesario que la clase media actua­lice sus habilidades y que los sectores público y privado de EE UU inviertan en tecnología de la educación e infraestructura. Y un pacto de cre­cimiento global exigirá que EE UU se sujete a estándares financieros mundiales comunes que puedan prevenir las futuras crisis financieras.

Pero las recompensas a largo plazo son simplemen­te demasiado importantes como para que EE UU se mantenga al margen. El floreciente mercado chino para el iPad de Apple es un ejemplo oportuno de cómo Estados Unidos puede aprovechar la demanda mundial por sus marcas: con cada venta de iPad, sólo US$4 de la ganancia se quedan con sus fabricantes asiáticos, mientras que sus diseñadores estadounidenses (y británicos) obtienen US$80. Añádanse compañías como Georgia Chopsticks, que utiliza madera es­tadounidense para fabricar dos millones diarios de palitos chinos para exportarlos a restaurantes en Asia. Considérese también el potencial de innovación de los estadounidenses para liderar el crecimiento mundial en tecnologías ecológicas. Y cuando pedí al Fondo Monetario Interna­cional que evaluara el plan de crecimiento mundial, dicho organismo pronosticó un crecimiento 3 por ciento más alto, con entre 25 y 50 mi­llones de empleos adicionales, millones de ellos en Occidente.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el presidente Obama sigue siendo vulnerable, luchando contra adversarios que explotan despiadadamen­te la política del miedo. De hecho, ya enfrenta las mismas repercusio­nes políticas que sufrimos el laborismo británico y yo. A partir de ahora y hasta el día de la elección, los adversarios del presidente enmarcarán su postura como “cargar a nuestros niños con la deuda.” De hecho, el ala derecha se ha vuelto tan hábil para jugar con la política del miedo en todos los continentes que, incluso en Australia un país que prác­ticamente no tiene ninguna deuda el gobierno laborista en funciones perdió su mayoría cuando enfrentó un violento ataque conservador relacionado con los déficits.

Hace más de 60 años, después de la más grande de las depre­siones y de la peor de las guerras, el general Marshall rechazó la política del miedo en favor de la economía de la esperanza, y el Plan Marshall promovió un programa global que enmarcó el nuevo orden mundial. El plan recuperó muchas veces el dinero invertido, duplicando el comercio mundial y poniendo a la des­falleciente economía de posguerra de EE UU en camino hacia su era más próspera de toda su historia. Ahora, con la misma visión y al aceptar que un nuevo acuerdo mundial es la única manera de salir adelante, un EE UU renacido puede ser el líder otra vez.


El ex primer ministro británico Brown es autor de Beyond the Crash: Overcoming the First Crisis of Globalization. (Más allá del choque: superando la primera crisis de la globalización).