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| La doctrina Erdogan |
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La doctrina Erdogan Por Owen Matthews El Primer Ministro de Turquía está dispuesto a rescatar a Oriente Medio de la pobreza y la dictadura —lo que se traduce en más dolores de cabeza para Israel .CUANDO SE TRATA de criticar a Israel, el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan es un hombre experimentado. Ya lo hacía incluso antes de llegar al poder en marzo de 2003, al criticar a la Fuerza de Defensa Israelí por los ataques contra palestinos en las ciudades cisjordanas de Jenin y Nablus. Se convirtió en un héroe para el mundo árabe hace dos años cuando abandonó violentamente una mesa redonda en Davos después de gritarle al presidente israelí Shimon Peres: “Usted sabe muy bien cómo asesinar”.
Pero la semana pasada su virulencia alcanzó un nuevo nivel. En respuesta a la constante negativa de Israel de disculparse por su mortal incursión en un barco turco de ayuda que iba camino a Gaza en 2010, rompió relaciones diplomáticas y militares, acusó a Israel de “actuar sin control” y de comportarse “como un niño malcriado”, prometió llevar el caso ante el Tribunal Internacional de Justicia, y juró que en el futuro todas las remesas de ayuda turcas con rumbo a Gaza tendrían una escolta naval. “No permitiremos que nadie pisotee nuestro honor”, bufó. Su charla sobre el honor pisoteado y los buques cañoneros plantea la pregunta de quién es exactamente el niño malcriado. Pero las acaloradas diatribas de Erdogan tienen un método. No se relacionó sólo con la obtención de justicia para los nueve activistas asesinados a bordo del Mavi Marmara cuando desafiaron el bloqueo de Israel sobre Gaza. La guerra de Irak y la Primavera Árabe han generado un vacío de poder en la región, y Erdogan está decidido a llenarlo. En la década anterior, él transformó a Turquía, presidiendo un excepcional crecimiento económico y excluyendo de la política nacional al anteriormente todopoderoso Ejército. Ahora, está dispuesto a llevar a cabo un cambio igualmente radical en toda la región. Después de ganar en junio un tercer período en el cargo, obteniendo una mayoría más grande que nunca, Erdogan se presentó a sí mismo como un salvador neo otomano. “Créanme, ¡Sarajevo ganó hoy tanto como Estambul, Beirut ganó tanto como Izmir, Damasco ganó tanto como Angora!”, dijo ante la multitud que lo clamaba en un discurso pronunciado en la capital para celebrar su victoria. “¡Cisjordania y Jerusalén ganaron tanto como Diyarbakir [la principal ciudad turca de Kurdistan]!” De acuerdo con esa expansiva visión, Erdogan defiende el único asunto en el que todo Oriente Medio —con excepción de Israel, por supuesto— está de acuerdo: los derechos de la región bloqueada de Gaza. Él ha elogiado a Hamás como “Combatientes de la resistencia que luchan por defender su región” y ha calificado al bloqueo como “un crimen contra la humanidad”. Muchos israelíes lo consideran como un enemigo mortal de su país. El documento filtrado más recientemente por WikiLeaks incluye un telegrama enviado en octubre de 2009 por la embajada estadounidense en el que se citaba al embajador de Israel en Turquía, Gabby Levy, haciendo una valoración de Erdogan: “Levy desestimó el cálculo político como un motivador de la hostilidad de Erdogan, argumentando que el partido del Primer Ministro no había ganado un solo punto en las encuestas por sus críticas contra Israel. En lugar de ello, Levy atribuyó la dureza de Erdogan a una emoción profundamente arraigada: “Es un fundamentalista. Nos odia desde el punto de vista religioso y su odio se extiende”. Sin embargo, la imagen de Erdogan como un yihadista que odia a los judíos no se ajusta completamente a la realidad. Justo antes del enfrentamiento actual, Erdogan se sentó a cenar con los líderes de las minorías religiosas de Turquía, entre ellos, el rabino principal de Estambul, y prometió devolver miles de propiedades que el estado turco había confiscado a cristianos y judíos durante el siglo anterior. También se encargó de elogiar la “inmensa diversidad de las personas que han coexistido pacíficamente” en Estambul. “En esta ciudad, la llamada a la oración [de los musulmanes] y las campanas de la iglesia suenan juntas”, Erdogan dijo. “Mezquitas, iglesias, y sinagogas han estado unas al lado de otras en la misma calle durante siglos”.
Los escépticos podrían descartar ese intento de ecumenismo como palabras dulces pero insinceras. Pero lo que es muy real —y un indicador más seguro del sitio que ocupan sus prioridades— es la decisión que Erdogan tomó este mes para permitir que la OTAN desplegara radares antimisiles cerca de la frontera turco-iraní. Teherán está furioso, como cabría esperar. “Esperamos que los países y vecinos amistosos... no promuevan políticas que generen tensión, las cuales, definitivamente, tendrán consecuencias complicadas” señaló Ramin Mehmanparast, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní. En el pasado, Erdogan ha llamado con frecuencia “Mbuen amigo” al presidente Mahmoud Ahmadinejad, y se opuso recientemente a la implementación de nuevas sanciones de NU contra el programa nuclear de Teherán. Pero cuando llegó el momento de la verdad, Erdogan se puso de parte de los amigos de Turquía en la OTAN, y no en Irán. Su objetivo es nada menos que rescatar a todo Oriente Medio de la pobreza y la dictadura. Para quienes lo conocen bien, esa cruzada —a falta de un mejor término— es una extensión directa de sus convicciones religiosas personales. “Es un hombre muy virtuoso y muy serio cuando se trata de reparar las injusticias”, declaró una persona que ha sido su socio durante los últimos 20 años. “Si usted pregunta si esto está arraigado en su visión personal del islam, la respuesta es sí”. Aun así, a los vecinos y aliados de Turquía les preocupa que el más reciente enfrentamiento de Erdogan con Israel pudiera ser el principio de una nueva política exterior centrada en el poder duro y no en el suave. Hasta ahora, el ministro de Relaciones Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, ha seguido una política de “cero problemas con los vecinos”, llena de medidas sensibleras para generar confianza, como comisiones históricas conjuntas con Armenia, acuerdos de viajes sin necesidad de visa con Siria, contratos de construcción de aeropuertos con Georgia, intercambios culturales con Grecia y otras medidas semejantes. Pero la postura de Angora parece haberse vuelto dura repentinamente. Jets turcos han bombardeado a guerrilleros separatistas kurdos en las montañas del norte de Irak, matando a aproximadamente 160 personas, de acuerdo con el Ejército turco. Davutoğlu ha empezado a pedir públicamente la renuncia del atribulado dictador de Siria, Bashar al-Assad. Y durante una visita a Egipto programada para esta semana, Erdogan dice que piensa cruzar la frontera de Gaza —un movimiento que sin duda enfurecerá a Israel. Las voces más sensatas en Israel tratan de restar importancia a la discusión. “Lo principal es no confundirse, no entrar en una espiral”, declaró la semana pasada el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, ante la radio de Israel. “Turquía no está a punto de convertirse en un enemigo de Israel, y no tenemos ninguna razón para malgastar invectivas y energía en esto”. El problema es que Erdogan obtendrá logros al enfrentar a Israel: no sólo aumentará su importancia en la región, sino que ello también encaja con su autoimagen como un luchador en pro de la justicia. Eso le da pocas razones para dejar el asunto en paz - especialmente debido a que ha estado en ello durante tantos años.
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