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| ¿Cómo podrá el Presidente animar y movilizar a su desmoralizada base liberal? |
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La estrategia de Obama para 2012 ¿Cómo podrá el Presidente animar y movilizar a su desmoralizada base liberal? Por Michael Tomasky Fue un raro momento de confesión para Barack Obama. Durante un evento para recaudar fondos en Miami a mediados de junio, el Presidente admitió que apoyarlo “no es tan fenomenal” como lo fue en 2008. No es sólo una cuestión de que haya menos carteles de moda y videos ampliamente difundidos. Es una cuestión de votos. Reavivar el entusiasmo de los afroestadounidenses, los blancos liberales y cultos, los latinos, los jóvenes y los miembros de sindicatos —los miembros más leales y progresistas del Partido Demócrata— será un reto enorme. Después de todo, sólo se puede elegir una vez al primer presidente afroestadounidense, y los últimos dos años y medio han decepcionado profundamente a muchos liberales. “Conozco a muchos de los muchachos que trabajaron duro en 2008”, dice Hodding Carter III, asesor del último presidente demócrata en durar un solo período (Jimmy Carter) y ahora profesor en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. “Ellos caminan por allí como ganado al que le han dado entre los ojos con un arma de electrochoques. Así no es como se suponía que sería”. Obama y su gente han oído este tipo de cosas tan a menudo, que ya no se molestan en sentirse agraviados. Cuando le pregunté al principal gurú de la reelección de Obama, David Axelrod, sobre esta sensación de desilusión, él recontó pacientemente una lista de logros: la reforma al sistema de salud, la revocación de la política “no preguntes, no digas” en las fuerzas armadas, la reforma de regulación financiera, la reducción de tropas en Irak, la reforma a los préstamos para estudiantes. “¿Seguimos teniendo fe en las cosas que el Presidente dijo que haría cuando se postuló?”, pregunta Axelrod. “Hay una larga lista de cosas que él dijo que haría y que, en efecto, hemos hecho”. Es un inventario sólido. Pero es rebatido por la realidad innegable de que el país no se ha movido perceptiblemente en una dirección más liberal (más bien lo opuesto), y por la percepción ampliamente difundida entre los progresistas de que Obama nunca dará una feroz batalla en nombre de los ideales liberales. Cuando entrevisté a Justin Ruben, director ejecutivo de MoveOn.org., cuyos 5 millones de miembros (muchos de ellos en estados pendulares) deberían ser animados y movilizados si el Presidente ha de ser reelegido, él me dio cuatro o cinco variantes de la frase “La gente necesita sentir que el Presidente y los demócratas realmente van a luchar de su lado”. Desgraciadamente, hacer duros argumentos partidistas sobre la economía nunca ha sido el fuerte del Presidente. “Desde el principio de su candidatura en 2007, Barack ha batallado para hilvanar un argumento económico sostenido y ganador”, dijo Simon Rosenberg, de NDN, un grupo de investigadores con sede en Washington. “Como [el lema de Reagan] ‘Es de Mañana en América’ no es realmente una opción viable para 2012, él tendrá que pensar en frases más brillantes frente a los republicanos, y especialmente hacer mucho más para desacreditar el fallido y temerario enfoque económico de ellos”. El voto de las bases todavía puede surgir en grandes cantidades, pero el factor dominante esta vez no será la esperanza y el cambio. Más bien, los factores serán el miedo al otro bando, las condiciones políticas estatales y locales (piense en cuán motivados están los demócratas por recuperar el control de sus políticas en Wisconsin) y los cambios demográficos que todavía redundan en beneficio de los demócratas. Y dado que EE UU elige a su presidente estado por estado, el lugar donde se debe evaluar las probabilidades de Obama es en cada terreno. Los condados de Wake, en Carolina del Norte —Arapahoe, en Colorado, y Franklin, en Ohio— son representativos de la base demócrata. Se ubican en estados pendulares, lo cual significa que el Presidente necesitará de una gran votación en estos lugares para compensar la que se supone será una alta presencia conservadora en otras partes de estos estados. Y son condados que hace poco se volvieron sólidamente demócratas, debido a los cambios demográficos. “Las mayorías de Obama en estos condados no están seguras”, dice Ruy Teixeira, coautor del libro de 2002 The Emerging Democratic Majority, el cual predijo el cambio demócrata de estados como Colorado, por entonces republicano. “Él necesita un esfuerzo de movilización completa en estos condados para lograr que sus partidarios salgan y den los márgenes que él necesita para hacerse con estados pendulares como Ohio, Colorado y Carolina del Norte”.
El condado de Wake alberga a Raleigh, la capital de Carolina del Norte. Bush lo ganó por 7 puntos en 2000 y luego, en una señal de que la demografía estaba cambiando, por sólo 2 puntos en 2004 contra John Kerry. Pero en 2008 Obama lo destapó por completo: una victoria de 15 puntos, 57-42, y una asistencia de 80,000 votantes más que en 2004. ¿Qué ha pasado desde entonces? Una historia muy diferente. En 2009, los votantes instalaron a una dinámica mayoría conservadora en la junta escolar, y en 2010 los republicanos ganaron un escaño en el Congreso y barrieron con casi todos los cargos del estado y el condado (los republicanos ganaron de vuelta ambas cámaras estatales el año pasado). No conozco a un solo experto que le conceda a Obama una gran posibilidad de ganar otra vez en Carolina del Norte. Pero él desea muchísimo celebrar la convención demócrata en Charlotte (Mecklenburg sería otro condado en la mira). Mack Paul, el abogado que preside al Partido Demócrata en el condado Wake, cree que el crecimiento en la población ha traído consigo más demócratas desde 2008, e insiste: “Oigo más furia dirigida a los demócratas que no apoyan al Presidente”. Su par republicana, Sue Bryant, se aventura a decir que el candidato de su partido podría hacerse con el condado de Wake, pero “incluso si nos acercamos a 5 puntos aquí, así sería en la elección en Carolina del Norte”. En el condado de Arapahoe, a las afueras de Denver, los demócratas sólo recientemente superaron en número a los republicanos en el padrón electoral. Pero las tendencias son claras: mientras que Bush derrotó a Kerry por 51-47 en 2004, Obama barrió con McCain por 56-43 en 2008, cuando la asistencia fue aproximadamente 15 por ciento más alta que cuatro años antes. En la última década, la población latina del condado de Arapahoe se ha más que duplicado, a 105,249 personas. Si el Partido Demócrata puede registrar y movilizar a estos potenciales electores claves de Obama —los latinos le dieron 67 por ciento de sus votos a nivel nacional la última vez—, el Presidente podría hacerse con Arapahoe por un margen mucho mayor al que tuvo en 2008. Pero Olivia Mendoza, directora ejecutiva del Colorado Latino Forum no partidista, dice que la temperatura de la comunidad respecto a Obama es terriblemente tibia. “Más bien es cosa de rumores”, se atreve a decir Mendoza, “pero en conjunto, ¿qué puedo apreciar? Una insatisfacción general”. Todd Mata, el presidente demócrata en el condado, admite que “mucha gente está un poco desilusionada, con razón o sin ella”, con Obama, pero él dice que la estructura del partido está trabajando más estrechamente que la última vez con Organizing for America (OFA), el vehículo de Obama para movilizar el voto. Obama podría beneficiarse aquí de un Partido Republicano local que “no está del todo unido”, según Scott Adler, un profesor de ciencias políticas en la Universidad de Colorado. Cuando hablé con Joy Hoffman, la presidenta republicana en el condado, ella admitió que tiene serias dificultades para coordinar a los republicanos más tradicionales con no menos de “15 o 16 agrupaciones distintas del Partido del Té en el condado”; pero, insistió ella, el Partido Republicano estatal está resolviendo sus problemas tras su debacle de 2010, cuando su candidato a la gubernatura obtuvo sólo 11 por ciento de la votación. Y luego sigue Ohio. Grandes cantidades en el condado de Franklin —que alberga a Columbus, capital del estado y su ciudad más grande— es crucial para las esperanzas demócratas. De nueva vez, la tendencia es evidente: Al Gore ganó el condado por 49-48 en 2000, cuando se emitieron 414,000 votos. Kerry lo ganó por 53-45, con un total de 517,000 votos. Obama apaleó por 59-40 con la contundencia de 575,000 votos totales. Es muy difícil imaginar otra victoria por casi 20 puntos. Pero Greg Schultz, el presidente demócrata en el condado y director estatal de OFA, dice que hoy existe una red de las bases como no la hubo siquiera en 2008. “Hay una estructura que hoy sigue vigente y con capacidad de autoorganizarse”, presume él, incluso en partes del condado que se inclinan por los republicanos, como Westerville. Otro factor que podría motivar a los demócratas en Franklin, y a lo largo de Ohio, es el impopular gobernador republicano, John Kasich. Él ganó por escaso margen al gobernador demócrata saliente Ted Strickland en 2010, cuando la base de votantes republicanos acudió a las urnas y sus pares demócratas no lo hicieron. Ahora Kasich y su proyecto de ley que afecta al sindicato de empleados públicos (conocido como S.B. 5) son objetos de ira. “Si los demócratas son listos”, dice Herb Asher, de la Universidad Estatal de Ohio, “aquí y en Wisconsin tendrán un tema muy simple: las elecciones tienen consecuencias. Vean lo que sucedió en sus estados”. Ése vendría a ser el argumento más fuerte que Obama pudiera darle a su base de votantes: las cosas podrían ser, y lo serán, peores si no votan por mí. Esto es cierto, y el miedo por lo general es un gran motivador en política. Pero sigue sin ser lo que esperaba la gente, y parece inevitable que cierto porcentaje de los demócratas más leales se quede en casa. En estos tres condados y en otros parecidos, ese porcentaje marcará la diferencia entre la reelección y el retiro. |






