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Escrito por NIALL FERGUSON    PDF Imprimir E-mail
La austeridad funciona
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NiallFerguson_lowAl lamentarse por el dolor de la responsabilidad fiscal, los demócratas muestran que todavía no han aprendido las lecciones de Europa.


A juzgar por la cobertura mediática, la gira relámpago europea del presidente Obama fue en gran medida recreativa. En Dublín, él reactuó la tradición consagrada de descubrir sus raíces irlandesas. En Londres, fue parte de lo que se sintió como “Boda Real: La secuela”.

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Mientras tanto, en Washington, el negocio iba como de costumbre. El gobierno siguió pidiendo dinero a pesar de haber incumplido con su tope legal de deuda. Los demócratas del Senado rechazaron el plan de Paul Ryan de reducir el costo de Medicare, a pesar de no tener un plan propio y creíble para estabilizar la deuda.

Pero los viajes de Obama pudieron ser una oportunidad idónea para aprender de los errores fiscales de Europa. Para los comentaristas estadounidenses, en particular el columnista Paul Krugman del New York Times, la lección es clara. Él escribió la semana pasada: “En Europa, la ‘asamblea del dolor’ ha estado bajo control por más de un año, insistiendo en que el dinero sólido y los presupuestos equilibrados son la respuesta… [Pero] las atribuladas naciones deudoras de Europa están… sufriendo todavía más declive económico gracias a esos programas de austeridad”. En otra parte, Krugman ha hablado pestes en repetidas ocasiones contra el gobierno británico por tratar de recortar su déficit.

Es totalmente cierto que las economías de Grecia, Irlanda y Portugal —los tres países comprometidos con programas de austeridad como condiciones para los rescates de los Fondos Monetarios Europeo e Internacional— se han contraído en el último año. La tasa de desempleo está por encima del 10 por ciento en los tres. Mientras tanto, la economía de Reino Unido está creciendo con lentitud. Pero inferir de esto que Estados Unidos puede posponer los esfuerzos serios de una estabilización fiscal sería completamente erróneo, y tremendamente peligroso.

El punto es que Grecia y compañía están en problemas a causa de pedir en exceso. Entre 1999 y 2010, el déficit estructural del gobierno griego aumentó de 2 por ciento del producto interno bruto a casi 18 por ciento. Irlanda pasó de un superávit a menos 11 por ciento. Portugal estaba un poco mejor. El resultado fue una explosión deudora. La deuda neta del gobierno griego, el peor ofensor, se elevó de 76 por ciento del PIB a 142 por ciento el año pasado.

Cuando quedó en claro que no había un mecanismo automático para transferir fondos del centro europeo relativamente frugal a la periferia despilfarradora, los inversionistas en títulos empezaron a temer los impagos. Se deshicieron de la deuda, aumentando el rendimiento de los bonos griegos a 10 años —y por lo tanto la tasa de interés de nuevos préstamos— a 17 por ciento. Eso simplemente empeoró las cosas, requiriendo de recortes al gasto cada vez más desesperados e incrementos tributarios para evitar la bancarrota nacional.

La historia británica es diferente. Tras empezar en un agujero fiscal muy similar —el déficit estructural era del 8 por ciento del PIB en 2009 y la relación deuda-PIB se había duplicado en siete años—,
el nuevo gobierno encabezado por los conservadores actuó preventivamente, anunciando grandes recortes presupuestales antes de que los mercados financieros se descontrolaran. Como resultado, los costos de los préstamos británicos en realidad se han reducido.

Los miembros del club “Déficits por siempre” son intelectualmente flojos cuando afirman que la economía del Reino Unido está creciendo lentamente porque la austeridad no funciona, insinuando que las cosas estarían mejor si la juerga gastadora continuara. Tal vez. Pero tal vez no. Un político responsable no correría el riesgo porque los costos de equivocarse son demasiado altos. Sólo pregúntele a los griegos.

Las verdaderas lecciones para Estados Unidos son claras. Quienes acumulan deudas en tiempos buenos sólo pueden pedir prestado un poco más cuando golpea una recesión. Y los gobiernos tremendamente endeudados posponen la estabilización fiscal bajo su propio riesgo. Si uno se espera para reformarse hasta que el mercado de títulos marca la hora, entonces está —para usar un término técnico de la economía— fastidiado.

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Al contrario de Estados Unidos y sus vecinos europeos, Suiza
ha tenido una política fiscal prudente a lo largo de la crisis económica.


Por supuesto, la mejor opción es ser Suiza, un país extrañamente ignorado por Krugman. Los suizos han tenido una política fiscal prudente a lo largo de la crisis económica. Han tenido un superávit estructural en cada uno de los últimos cinco años. Su deuda neta es en realidad más baja hoy de lo que era en 2005. ¿Y adivine qué? En 2009 su economía sufrió la contracción más pequeña en Europa, con el desempleo hoy por debajo del 4 por ciento. En cuanto al dinero sólido, el franco suizo está 95 por ciento arriba en relación con el dólar desde 2000.

¡Qué mal que los presidentes estadounidenses nunca visiten Suiza! Pero creo que no pueden darse el lujo.