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¿Qué habría pasado? Imagine cómo sería hoy el mundo si los ataques nunca hubieran ocurrido.
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¿Qué habría pasado? Imagine cómo sería hoy el mundo si los ataques nunca hubieran ocurrido.

POR NIALL FERGUSON

¿CUÁN DISTINTO SERÍA el mundo actual sin el 11/9? ¿Qué habría pasado si los ataques hubiesen fracasado?

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Una respuesta obvia es que los estadounidense estaríamos mucho menos interesados que hoy en los acontecimientos mundiales. La víspera de la destrucción, a principios de septiembre 2001, sólo 13 por ciento de los estadounidenses opinaba que su país debía ser “el único líder mundial”, y poco menos de la tercera parte estaba a favor de incrementar el gasto en la defensa. Como es natural, esas cifras son mucho más elevadas en la actualidad. ¿Cierto?

Pues no. Según las encuestas más recientes, apenas 12 por ciento de los estadounidenses considera que Estados Unidos debe ser la única superpotencia casi la misma proporción que la víspera de los ataques del 11/9, pero la cantidad de ciudadanos que desea elevar el gasto en seguridad nacional es, de hecho, bastante inferior -26 por ciento. De manera paradójica, los estadounidenses de hoy se muestran menos interesados en el mundo exterior de lo que estuvieran antes del colapso de las Torres Gemelas.

En los últimos 10 años, Estados Unidos ha derrocado directa o indirectamente por lo menos tres gobiernos del mundo musulmán y no obstante, los estadounidenses nos sentimos menos pode-rosos que antes. En 2001, poco más de la cuarta parte de la población opinaba que Estados Unidos tenía “un papel menos importante como líder mundial que hace 10 años”; la cifra más reciente es 41 por ciento.

Hay tres posibles explicaciones para el fenómeno. Primera, que esgrimir el poder fuera del país ha sido más difícil en la práctica de lo que afirma la teoría neoconservadora. Segunda, la crisis financiera ha ensombrecido el ánimo estadounidense. Una tercera posibilidad es que, simplemente, los ataques del 11/9 no dejaron una huella profunda en la opinión estadounidense.

Sin embargo, concluir que el 11/9 no condujo a grandes cambios es desconocer el proceso histórico. El mundo es un lugar en extremo complejo y una pequeña modificación en la trama de los acontecimientos puede tener consecuencias colosales. Lo difícil es imaginar cuáles habrían sido dichas consecuencias.

Así que vamos a adentrarnos en un juego que está diseñando uno de mis amigos en la compañía de software Muzzy Lane y que, posiblemente, llevará el título “New World Disorder” (Nuevo desorden mundial). El juego simula la compleja interacción de economía, política y relaciones internacionales, permitiéndonos recrear el pasado.

Empecemos con enero 2001 y frustremos los ataques del 11/9 haciendo que Condoleezza Rice y Paul Wolfowitz presten atención a las advertencias de Richard Clarke acerca de Al Qaeda. El juego empieza bastante bien. Como medida preventiva, decapitamos al grupo terrorista capturando a los líderes en una serie de operativos encubiertos y dejándolos a merced de los gobiernos de sus respectivos países. Ahora, el presidente Bush puede concentrarse en los recortes fiscales su tema favorito.

Pero luego, al cabo de tres años, turbios detalles del operativo salen a la luz en la primera plana de The New York Times. John Kerry, candidato demócrata a la presidencia, denuncia la “conducta criminal” de la administración de Bush. Los eruditos liberales echan espuma por la boca y el pueblo estadounidense, ajeno a los acontecimientos del 11/9, se escandaliza. Osama Bin Laden denuncia ferozmente a Estados Unidos desde su prisión saudí y la declaración precipita una oleada de indignación popular en Oriente Medio, la cual ter-mina por derrocar a cualquier régimen que mantenga una relación excesivamente estrecha con Washington.

El gobierno de Qatar —adiós. El gobierno de Kuwait —lo mismo. Ante todo, el gobierno de Arbia Saudíta —hasta nunca. Como es de esperar, los expertos se posesionan de las cadenas televisivas para explicar que la represalia fundamentalista contra las monarquías petroleras apuntaladas por Estados Unidos se había estado gestando desde hacía años (aun cuando ninguno de ellos hubiera tenido ocasión de predecirla). “¿Quién perdió el Oriente Medio?”, estalla Kerry, dirigiendo un dedo acusador contra George W. Bush (recordemos que, antes del 11/9, Bush propuso una reducción de la intervención militar estadounidense en el extranjero). Los demócratas ganan las elecciones de 2004 y a seguir, la nueva República Islámica de Arabia, engendrada por Bin Laden, toma rehenes en la embajada estadounidense de Riyadh… En otras palabras, si la situación hubiera sido distinta hace 10 años —si no hubieran ocurrido el 11/9 ni las consiguientes invasiones punitivas a Afganistán e Irak—, estaríamos viviendo un Invierno Islamista en vez de una Primavera Árabe.

La repetición histórica sin el 11/9 sugiere que, irónicamente, el verdadero impacto de los ataques no se dejó sentir en Estados Unidos, sino en los países de los propios agresores.


 

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