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| Cuando el cobre manda |
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Copperfinger no es un apodo tan sugestivo como Goldfinger –ciertamente, un hombre con una pistola de cobre tampoco resultaría muy impresionante. El cobre nada tiene de fascinante. A diferencia del oro, Glenn Beck no recomendaría invertir en ese mineral. Sin embargo, antes y después de la crisis financiera, el cobre ha sido uno de los valores con mayor rendimiento en la economía global. Si tuvo la visión de comprar oro en el momento álgido del crac (febrero 2009), estará gozando del incremento de 75 por ciento tras la reciente cotización del metal –la onza alcanzó un récord de mil 500 dólares, la semana pasada. Pero si compró cobre, su rendimiento habrá crecido 181 por ciento.
Las minas de cobre del mundo entero están en jauja. El jueves pasado pasé varias horas de un calor infernal a más de un kilómetro de la superficie en la descomunal mina de Konkola, cerca de Chingola, Zambia: poderoso símbolo del nuevo orden económico mundial, donde los mineros son zambianos, los trabajadores técnicos (todos blancos) vienen de Sudáfrica, y los propietarios y administradores son indios.
Como muchas operaciones de extracción en ese país, Konkola no parecía viable debido a que el precio por tonelada se mantuvo por debajo de dos mil dólares en el periodo 1997-2003; pero ahora que el costo es de nueve mil 400 dólares, tiene sentido abrir nuevas galerías para alcanzar los yacimientos más profundos aun cuando, para ello, sea necesario contender con prodigiosas cantidades de agua subterránea.
En ese lugar, donde poderosas barrenadoras mecánicas horadan un muro del túnel más recientemente abierto, se encuentra la punta de lanza de la economía global. Al encender la luz, un alambre de cobre conduce la electricidad a la bombilla, y es muy probable que el agua caliente de su ducha matutina llegue hasta usted a través de una tubería de cobre. Desde el carbonato de calcio (resistente a la corrosión) que compone la verde Estatua de la Libertad hasta el tablero de circuitos de su computadora: el metal pardo es tan práctico como precioso es el amarillo.
¿Por qué, entonces, ha superado el cobre al oro como inversión? La respuesta –en parte- estriba en las políticas monetarias extraordinariamente liberales que los gobiernos occidentales han adoptado para combatir la crisis financiera, las cuales han impelido el precio de casi todos los valores.
Sin embargo, el secreto del éxito del cobre realmente ha dependido de la disparada demanda asiática, donde la población exige viviendas modernas con cableado y cañerías de estilo occidental, autos y dispositivos electrónicos. En suma, los asiáticos quieren cobre. En 2005, China consumió 22 por ciento de la oferta mundial del metal; para 2009, la cifra se elevó a 39 por ciento. A pesar de su esfuerzos, los productores de cobre no dan abasto y no sólo eso, sino que las reservas de cobre del mundo no son ilimitadas. De hecho, si el resto de la humanidad utilizara apenas la mitad del consumo per cápita estadounidense (mil 386 libras (casi 630 kilogramos anuales), agotaríamos todas las reservas cupríferas conocidas en escasos 38 años. Los asiáticos se escandalizaron con el incremento de precios entre 2004 y 2008, cuando el valor del cobre se cuadruplicó –de allí su reciente precipitación para invertir en minas de este mineral. Ahora, la gran interrogante es si la reciente rebatinga de propiedades africanas terminará por agravar la enfermedad que debía curar. La desorbitada demanda asiática ha vuelto a elevar las cotizaciones y el incremento en el precio de los valores eleva a su vez los precios al consumidor. Dado que la inflación china alcanzó el rango de 5.4 por ciento el mes pasado, poniendo a temblar a las autoridades, lo que menos se necesita en este momento es la clase de agitación popular precipitada por el alza de precios en el norte de África. En respuesta, los bancos centrales del mundo entero están pisando el freno. El banco central europeo ha elevado sus tasas de interés y la Fed parece decidida a poner fin a su relajación cuantitativa de junio. Entre tanto, el Baco de la República Popular China no sólo ha elevado sus tasas, sino también sus requisitos de reserva bancaria. No olvidemos que esto ocurre al mismo tiempo que el mundo desarrollado esta estrechando sus políticas fiscales –aunque sea algo tarde, como en el caso de Estados Unidos- y tampoco que un mayor precio de los valores actúa como una especie de impuesto a los consumidores de los países que los importan. En pocas palabras: alza de precios más menor crecimiento es igual a estanflación. Hasta ahora, estos cambios han tenido pocas repercusiones, pero esté preparado. En mi opinión, la restricción monetaria y fiscal global es claro indicador para la venta de valores- lo que, sin duda, opacará el lustre del cobre y enviará ráfagas de aire helado por los tiros de ventilación de las minas de Zambia. |





